Despedir aplaudiendo: La nula autocrítica de un gobierno en eterna campaña [Por Mauricio Vidal Guerra]
El reciente cambio de gabinete ha dejado al descubierto una de las contradicciones más incómodas de la política actual. La incapacidad absoluta de reconocer un error. La salida de la ministra Steiner y de la vocera Mara Sedini, a menos de dos meses de haber asumido sus cargos, no es un simple “ajuste de piezas” o una “renovación de aire” como se ha querido maquillar. Es, lisa y llanamente, la constatación de un error de cálculo monumental por parte del Presidente Kast.
Lo que resulta verdaderamente desconcertante no es el cambio en sí (los gobiernos rectifican, y deben hacerlo) sino la narrativa posterior. Ver a los adeptos al oficialismo y a figuras del Ejecutivo deshacerse en elogios, “flores” y agradecimientos públicos hacia Steiner y Sedini abre un flanco de lógica elemental… Si eran tan brillantes, tan preparadas y su gestión merecía tantos aplausos, ¿por qué las echaron a los 60 días?
Nadie despide a un trabajador excelente a las pocas semanas de haberlo contratado. Cuando un ajuste de este calibre ocurre tan temprano, la responsabilidad primera no es de quien deja el cargo, sino de quien firmó el decreto de su nombramiento. Quien tomó la decisión se equivocó de perfil. Así de simple.
A nivel local ha pasado lo mismo desde hace años. En la administración anterior prácticamente cada vez que había un reemplazo. Y en la actualidad, también hay personas que están donde no debieran estar, por capacidad, por compromisos, por no entender los cargos que aceptaron, por no saber comunicar, o por saltarse la norma o pronunciamientos de Contraloría. Es más, hay varios que aún siguen haciendo campaña y olvidando (o sencillamente no teniendo) contenido y propuestas reales.
Pero el análisis de fondo de estos dos meses evidencia un problema de diagnóstico severo. Confundir el perfil con la gestión: Colocar a una exfiscal en Seguridad requería entender que la lógica persecutora no siempre comulga con el manejo político de una crisis. Y en el caso de la vocería es aún más sintomático. Mara Sedini, periodista preparada y hábil en el ecosistema digital, demostró que una cosa es el despliegue agresivo en redes sociales para ganar una elección, y otra muy distinta es tener “dedos para el piano” al momento de liderar la comunicación de Estado.
Este último punto es un mal endémico que no solo se queda en Santiago. En regiones, como en Magallanes, vemos el mismo fenómeno: Seremis que actúan como “rifleros políticos”, atrincherados en el conflicto chico, incapaces de sacarse la camiseta de brigadistas para ponerse el traje de autoridades que gobiernan para todos. Siguen en campaña, habitando una realidad paralela de bytes y likes, mientras la gestión real se paraliza.
Lo más preocupante de esta performance es el espejo en el que se mira. Este diseño comunicacional paupérrimo y errático es, paradójicamente, un calco de los peores momentos de la administración anterior de Gabriel Boric. Aquello que tanto se le criticó a la izquierda (la desconexión, el voluntarismo y el blindaje a la incompetencia a través del relato) hoy lo replica el Ejecutivo actual.
El discurso del Presidente Kast intentó blindar la decisión bajo un manto de pragmatismo, pero esquivó la palabra clave: Autocrítica.
No hay madurez política en pretender que un cambio de gabinete express es un éxito estratégico. Si el gobierno no es capaz de admitir que leyó mal las necesidades del país y los perfiles de su propio equipo, seguirá tropezando con la misma piedra. Gobernar no es extender la campaña electoral de manera indefinida: Es gestionar la realidad, y para eso se necesitan autoridades con vocación de Estado, no militantes atrapados en la trinchera.
Por Mauricio Vidal Guerra, periodista, director ZonaZero.cl
