La actividad en Punta Arenas del director de Aviación y de la tripulación del Junkers N°6 estuvo marcada por el reconocimiento de distintas instituciones públicas y privadas. El intendente de la provincia Manuel Chaparro Ruminot y la junta de alcaldes encabezada por Juan Agustín Yáñez organizaron una grandiosa manifestación de apoyo a los aviadores en donde casi todas las escuelas y liceos fiscales o particulares, unidades militares, organizaciones sindicales, sociedades mutuales, clubes deportivos, compañías de bomberos, y diversas instituciones sociales como la Cruz Roja y miembros del club Magallanes, desfilaron en la Plaza de Armas Benjamín Muñoz Gamero.
Profundamente impresionado, desde los balcones del edificio de la Gobernación, Merino Benítez junto con recordar a los jóvenes aviadores fallecidos en el largo proceso de consolidar una gran ruta aérea entre Arica y Punta Arenas, comprometió su palabra que para 1931 se establecería un grupo de aviación militar permanente en la zona como primer paso, para la consolidación de la aviación comercial entre la capital y Magallanes.
El Mercurio de Santiago informaba en páginas centrales acerca de la creación de la Subsecretaría de Aviación, que fusionaba en un nuevo organismo los servicios aéreos del Ejército y de la Armada.
En los días siguientes, el Junkers estuvo en reparaciones en el muelle Arturo Prat hasta el 7 de febrero, cuando el comandante Merino decidió efectuar un vuelo de reconocimiento al sector sur de la ciudad con el objeto de recabar información meteorológica y obtener fotografías del lugar.
Nada hacía imaginar el grave accidente de esa tarde y su repercusión en el devenir de la historia aeronáutica nacional. A la altura de Agua Fresca, el hidroavión sufrió la explosión y destrucción de uno de los flotadores, lo que dejó al aparato a merced del fuerte oleaje. Después de sobrevivir cinco horas luchando contra el mar agitado, el remolcador Antonio Díaz llegó al lugar del accidente alrededor de las once de la noche. En ese momento, una inmensa ola enviaba al Junkers al fondo del estrecho de Magallanes, arrastrando en su interior al capitán Alfredo Fuentes y a los sargentos Luis Soto y Alfredo Moreno que no lograron sobrevivir. Esa noche, además del intendente Manuel Chaparro, que viajaba en calidad de invitado, lograron salvarse el radiotelegrafista Fritz Reiche, el cabo Uldaricio Espinoza y el propio comandante Arturo Merino.
Los tres fallecidos se sumaban a las pérdidas humanas del teniente Aníbal Vidal y al mecánico Alfredo Román, caídos en el estuario del Aysén el 23 de enero, (cuatro días antes que el Junkers llegara a Punta Arenas), primeras víctimas de la aviación militar chilena en la temida ruta Puerto Montt-Magallanes.
Base de Cabo Negro donde comenzó el accionar de la FACH en Magallanes, el 16 de diciembre de 1930.
El 10 de febrero, el cadáver del capitán Fuentes apareció en los alrededores de isla Dawson. Los restos fueron velados ante una multitud en la Catedral de Punta Arenas, lo que dio nuevos bríos a un desanimado Arturo Merino que presentía el final de su proyecto de integración aérea. Por esos mismos días, el presidente Carlos Ibáñez del Campo remitía un telegrama en que instaba al director de Aviación a retornar a Santiago para concretar la iniciativa por la que había luchado durante tanto tiempo.
El 21 de marzo de 1930 se dictaba el decreto N°1.167 que en base a seis consideraciones, fundamentaba la fusión de los servicios de aviación dependientes de los ministerios de Guerra y Marina, para así crear una subsecretaría de Aviación que tendría a su cargo todos los asuntos relacionados con esos servicios como también, con la aeronavegación comercial y la industria aeronáutica. El reglamento establecía que todo el personal, material e instalaciones del Ejército y de la Armada, pasaban a depender de la nueva subsecretaría y que ese personal tendría la opción hasta el 1 de mayo para regresar a sus antiguas instituciones. Después de esa fecha se les consideraría pertenecientes definitivamente, al servicio aéreo.
El decreto N°1.312 del 28 de marzo, determinó la organización del nuevo servicio, con una oficina para el subsecretario, cargo que recayó en Arturo Merino Benítez, el estado mayor al mando del comandante Manuel Francke Mariotti y las direcciones de Aeronáutica Civil a cargo del capitán Federico Baraona Walton, de material, al mando del capitán de fragata Adirio Jessen Ahumada y del personal y de administración, al mayor de intendencia Francisco García Kuwoll.
Inicialmente, la Armada contribuyó con 20 oficiales y el Ejército con 145 efectivos, los que pasaron a constituir la nueva institución. Ese mismo año se decretaron varios textos legales que permitieron fijar la planta de oficiales, de la tropa, la maestranza y empleados civiles de la Fuerza Aérea. Se estableció una clasificación de los escalafones para el personal de guerra, ingenieros, administrativos y de sanidad; de la maestranza y civiles.
Al centro de la imagen, el primer comandante del grupo de anfibios N°2 con asiento en Punts Arenas, el ex aviador naval teniente Santiago Leitao.
En comparación con el Ejército y la Armada se fijó la escala de grados jerárquicos para los oficiales, un punto muy importante y tema de discusión hasta los días de hoy. De esta manera, se crearon grados para la nueva institución llamada en sus comienzos Fuerza Aérea Nacional. General del Aire equivalía a general de división en el Ejército y Vicealmirante en la Armada; comodoro del aire, a general de brigada y contralmirante; comandante de grupo a coronel y capitán de navío; comandante de escuadrilla a teniente coronel y capitán de fragata; capitán de bandada a mayor y capitán de corbeta; teniente 1° de Aviación a capitán de Ejército y teniente 1° de la Armada; teniente 2° de Aviación a teniente de Ejército y teniente 2° de la Armada; alférez de Aviación a subteniente de Ejército y guardiamarina de 1° en la Armada.
Pronto continuaron los viajes exploratorios a la zona austral. Con los Curtiss Falcon N° 16 y N° 17, el teniente Santiago Leitao un ex aviador naval, el alférez Adalberto Fernández y los sargentos mecánicos, Muñoz, Rodríguez y Poblete, se fundó el 16 de diciembre de 1930, la escuadrilla de anfibios N°2 en Cabo Negro. Comenzaba la historia de la FACH en Magallanes.