Los últimos días del periodismo (tal y como lo conocemos) (Por Claudio Andrade)
No es tan de extrañar que el periodismo se encuentre en crisis. Hace ya tiempo que las presuntas virtudes del oficio venían siendo puestas en duda como tales por parte de la propia audiencia.
La hipérbole sin freno, las naderías transformadas en temas “urgentes”, los chismes, la improvisación, la falta de lecturas en quienes en teoría ejercen la actividad de manera profesional, la escasa profundidad, el protagonismo por encima de la noticia, el narcisismo agotador de los involucrados. A esto podemos sumarle los insufribles títulos con incógnitas y estamos listos.
Un día teníamos que terminar aburriendo a la gente. Así ocurrió. Los más actuales estudios de campo indican, por ejemplo, que “a nivel mundial, cuatro de cada diez (40%) encuestados dicen que a veces o a menudo evitan las noticias en 2025 contra el 29% de 2017”, consigna un reporte del Instituto Reuters de la Universidad de Oxford.
Esto en parte explica el éxito de Infobae que se ha especializado en contar “historias” más que “noticias”. Pero, claro, el modelo de negocios de los medios gratuitos todavía se encuentra en duda. En este caso particular los lectores no pagan por consumir los contenidos aunque deben enfrentarse a la publicidad agresiva de los anunciantes que interrumpen lecturas y fotografías y convierten en una tortura china ver los videos.
Es curioso lo de Clarín que somete a similares situaciones a sus lectores bajo suscripción.
Cada cierto tiempo recibo ofertas de suscripción a costo “cero” de medios tan importantes como “The New York Times”, “The New Yorker” y “The Guardian”. Una prueba más de que no hay un modelo de negocios consagrado y que los grandes medios no han descubierto una receta para garantizar sus ingresos.
Desde ya no está en crisis el acto de consumir contenidos escritos o multimedia sino el tipo de contenido, las características del alimento que se le ofrece a consumidor. Hace un par de décadas poco importaban las consideraciones de la audiencia puesto que había muy pocas opciones y lo mismo pasaba con los anunciantes.
En estos días cualquier anunciante, sin importar su tamaño, tiene una variedad de opciones digitales para promocionar sus productos y servicios que le permiten esquivar la estructura de los medios. A su vez los diarios en papel semejan objetos de museo. El resultado del combo es conocido: bajan los ingresos generales y sobran los periodistas. Esto, también en parte y solo en parte, explica los bajos salarios del sector.
En breve las IA ayudarán a bajarlos un poco más.
En los últimos meses mantuve reuniones con varios gerentes de marketing de medios top argentinos. Uno de ellos me explicó que su medio era “muy caro” para los anunciantes chicos, medianos, especializados.
No es casual que los medios que mejor están atravesando la crisis sean los especializados. Los anunciantes buscan achicar costos tanto como llegar a una audiencia específica que realmente los escuche. Mario Pergolini, cuya propia empresa se encuentra en problemas financieros, dijo alguna vez que de poco le sirve a un anunciante alcanzar a una enorme audiencia que jamás consumirá su oferta. Exacto ¿cuál sería el sentido?
Y Facebook, por caso, permite segmentar y segmentar por unos escasos dólares.
Medios como “Bichos de Campo”, “Pescare”, “Puertos”, “SalmonExpert”, «Econojournal», entre muchos otros sectoriales, lo están haciendo bien. Y tengo entendido que allí sus periodistas incluso cobran mejor.
¿Por qué los medios tradicionales no imponen en sus webs Verticales de calidad, especializados y con audiencias cautivas? Probablemente tenga más que ver con la falta de humildad de sus departamentos de marketing y la estructura de costos superlativas de sus redacciones que por otra cosa misteriosa que desconocemos.
Otro gerente me aseguró que hacer Verticales pensados, por ejemplo, para sumar empresas chilenas (como yo le había sugerido) podría resultar extraño para la audiencia en Buenos Aires. Me explicó que si se hacía un artículo sobre Punta Arenas la gente pensaría que se trataba de «una playa».
La estadística indica que la Zona Franca de Punta Arenas factura alrededor de USD 500 millones anuales (si, USD 500 millones) y en los primeros 3 meses del año tuvo casi 3 millones de visitantes. Alrededor de 100 mil fueron argentinos. En mayo pasado La Nación publicó un extenso artículo sobre Punta Arenas bajo el título: “Punta Arenas: Meca de exploradores, naufragios, aventureros y celulares baratos”. Probablemente los lectores no pensaron que La Nación hablaba de Cancún.
Las audiencias observan con sorna cómo los medios van implosionando de maneras a ratos patéticas. Hará cosa de un año leí en un medio porteño la “cobertura” de un asalto ocurrido en la Línea C de Buenos Aires realizada por teléfono. Es decir, el periodista ni siquiera tuvo el tino o la “osadía” de tomarse un Uber y acudir al lugar para contar de primera mano los hechos descriptos. ¿Quién pagaría por un servicio tan acotado?
Si la escritora Leticia Martin desnudó en las páginas de Perfil que “Nadie Lee Nada” (a la hora de editar), también podría asegurarse que ya “nadie cubre nada”. Y cuando los periodistas lo hacen es generalmente para embarrar la cancha y distribuir sobre la escena del “crimen” toneladas de teorías sin fundamento. Basta mencionar el caso “Loan Peña” para comprender de qué hablo. Se escuchó de todo y casi nada de datos lógicos y secuencias espacio temporales tal y como debía ser.
Por estos días el diario “Río Negro”, con nuevos dueños, lleva adelante una cruzada por volver al papel para sorpresa de los propios habitantes de la provincias de Río Negro y Neuquén. La paradója con la que se encuentran los lectores rionegrinos y neuquinos es que ya pueden “leer” (y pagar) «hoy» las noticias de “ayer”.
El diario que alguna vez fue un faro político del libre pensamiento y luego mutó hacia el progresismo exhibe abundantes dosis de artículos dedicados a paisajes, paseos, personajes llamativos y animales porque, en definitiva y como todo editor sabe, eso genera clicks y carga las estadísticas positivas.
“El hecho que hay que reprocharle al periodismo no es su frivolidad, su inconsistencia o sus faltas a la verdad, sino que él mismo, por su propia dinámica, es una falta a la verdad, es la versión degenerada de la historia de una sociedad que ha renunciado al concepto de verdad. Al periodismo hay que reprocharle que existe”, escribió el periodista y escritor Claudio Uriarte en su, a esta altura, legendario ensayo “Contribución a la crítica de la verdad periodística».
Uriarte apuntaba a la urgente periodicidad de los medios. La necesidad de decir sin parar. Lo cual nos lleva al humor brillante de “Hablemos Sin Saber” que protagonizan Yayo y su troup. Pero aquello es humor, no imformación. Es importante establecer las diferencias.
