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Chile estancado ¿Por qué dejamos de crecer? [Por Matías Benavides Velásquez]

Durante dos décadas, Chile logro un crecimiento promedio de 5,3 % anual. Fue una época marcada por una estabilidad macroeconómica, apertura comercial, reglas claras para la inversión y una notable reducción de la pobreza. Este dinamismo permitió consolidar varios sectores como la minería, la fruticultura, la acuicultura y el vino. Sin embargo, en la última década, ese impulso se ha estancado.

En 2025, el Banco Central proyecta un crecimiento de entre 1,75 % y 2,75 %. La OCDE, Esto no es solo un problema de ciclo económico, sino un síntoma estructural: menor productividad, caída en la inversión, inestabilidad institucional y un sistema educativo que aún no responde a los desafíos del desarrollo moderno. La inversión, motor del crecimiento, también da señales preocupantes.

La formación bruta de capital fijo, que mide la inversión total de la economía, ha caído en los últimos años, según cifras de OCDE. Y aunque el Banco Central proyecta un leve repunte para 2025, el clima de incertidumbre regulatoria o lo denominado “Permisología” sigue afectando las decisiones de inversión de largo plazo, especialmente en sectores estratégicos y claves para el desarrollo de las diferentes zonas del país.

Desde las regiones, esta situación se percibe con especial inquietud. Magallanes, por ejemplo, mostró un crecimiento económico de 5,6 % en 2024, empujado por la manufactura química, el turismo y las exportaciones no cobre. Pero la incertidumbre sobre la salmonicultura, la demora en concretar el proyecto de hidrógeno verde y la falta de infraestructura logística portuaria limitan su potencial transformador. Para que las regiones puedan aportar al desarrollo nacional, se necesita inversión pública y privada con visión estratégica, descentralización efectiva y un marco normativo predecible.

Volver a crecer es posible, pero requiere más que medidas coyunturales. Necesitamos una reestructuración política que permita abrir paso hacia el dialogo productivo, que recupere la confianza, atraiga inversiones, modernice el aparato público y garantice calidad en la formación de capital humano. Solo así podremos dejar atrás el estancamiento y construir un nuevo ciclo de prosperidad compartida.