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La falta de ética que salpica a la política en tiempo de elecciones [Por Mauricio Vidal Guerra]

Las últimas inscripciones de candidaturas para la elección de diputados y diputadas en noviembre próximo ha dejado la repetitiva sensación de que la ética en la política se ha ido desvaneciendo. Sí, porque la verdad es que el “travestismo político” nuevamente se ha encaramado en la escalera de la conveniencia y del poco buen trato hacia quienes a través de sus convicciones se la juegan para ser un aporte, pero que finalmente pueden ser traicionados o sencillamente dejados de lado por mejores “alternativas electorales”.

Claramente, la hora de cierre de las inscripciones en cualquier proceso electoral se ha convertido en lo que en la jerga política se conoce como “la noche de los cuchillos largos”. La sensación de que pueda pasar algo inesperado o simplemente extraordinario es una constante en circunstancias como estas, lamentablemente.

Y es que algunos partidos políticos han ido perdiendo esa ética que debieran tener quienes tienen convicciones firmes e intentan en cada uno de estos procesos convencer a la ciudadanía de que son “la mejor opción” para solucionar los problemas de la gente.

Este escenario refleja cada vez más una percepción común sobre la disminución de la moralidad y la integridad en la esfera política, perdiéndose valores éticos tradicionales, como la honestidad, la transparencia y la responsabilidad.

Que exista un candidato que ha pasado por varias tiendas políticas para inscribirse en cuanta cosa se pueda, intentándolo dentro de un pacto de derecha y a la siguiente elección lo haga en un pacto de izquierda, es uno de los ejemplos que podríamos tomar. O que haya un candidato que solicitó estar en una lista de izquierda, para terminar siendo inscrito en una lista de derecha. O que tengamos en la papeleta a una persona que no vive hace años en Magallanes pero que quiere ser representante de su gente… Casos como estos son los que finalmente dejan mal a todos los partidos políticos, no solamente a los que se aprovechan de la falta de seriedad, rigurosidad y transparencia hacia la ciudadanía.

Hay partidos tan pequeños que parecieran que fueron formados como una especie de emprendimiento comercial. Y al mismo tiempo, si seguimos sus recorridos, andan buscando candidatos por donde sea con tal de llenar cupos, y ver si en una de esas se produce el milagro, y se pueden seguir financiando.

Estas son las cosas que terminan por aburrir a las personas. La falta de claridad y rectitud a la hora de enfrentar una elección.

Y lo anterior también aporta negativamente en la creciente desconfianza en las instituciones políticas, en la proliferación de escándalos de corrupción, y por cierto que en la polarización política. La estrategia electoral que se basa en que “el fin justifica los medios” lleva impajaritablemente a decisiones que, aunque algunos puedan considerar pragmáticas, sacrifican del todo principios éticos fundamentales.

Lo que se debe tener claro, es que como ciudadanos tenemos que informarnos y buscar coherencia en nuestras decisiones. Más allá del pensamiento de cada uno, lo ideal sería preferir la consecuencia, entender el cómo ha sido la trayectoria de los que pretenden llegar al Parlamento, o de quienes buscan la reelección. Ir a los orígenes de cada uno, y constatar sus aportes, proyectos, defensas locales, y triunfos como representantes de Magallanes. Los cantos de sirenas le hacen mal a la política, pero por sobre todas las cosas le hacen mal a la región y a quienes vivimos en esta tierra.

Es fundamental saber quién es quién. Porque algunos han seguido la misma línea desde que comenzaron en la arena política, pero otros han sido verdaderos “oportunistas” eleccionarios.

Revisemos propuestas, y las soluciones que han entregado cada vez que ha sido necesario. Busquemos sus historias, y sus obras mientras han estado en la política.  Fijémonos en cualidades como la integridad, la empatía, la capacidad de comunicación y la visión de futuro. 

Porque un buen político debe comprender las necesidades de la gente y ser capaz de transmitir sus ideas de manera clara y convincente, sin populismo ni conveniencias individuales. 

Lo otro, es sencillamente “travestismo político”.