Los pactos y acuerdos que pueden mover la aguja del hidrógeno verde en Chile y Magallanes
La incipiente industria del hidrógeno verde (H2V) en Chile entró en una fase de acuerdos y diálogos que buscan darle reglas claras, demanda asegurada, y un acuerdo importante como el social, para operar con tranquilidad y certezas.
Por ejemplo, la Estrategia Nacional de Hidrógeno Verde (2020) fijó la ambición de producir uno de los H2V más competitivos del mundo y delineó roles públicos y privados. Luego, en 2023 el Ministerio de Energía publicó el Plan de Acción H2V 2023-2030, que apuntaba a acompañamiento de proyectos, fortalecimiento regulatorio y coordinación interministerial.
A su vez, en Magallanes, el Gobierno activó el Pacto Magallanes, una mesa con empresas para pactar estándares ambientales y definir incentivos que aceleren la demanda nacional de H2V y derivados. En paralelo, el Ministerio del Medio Ambiente encabeza conversaciones para sellar un Acuerdo de Producción Limpia (APL) enfocado, entre otros puntos, en proteger avifauna y biodiversidad durante el despliegue eólico y de plantas. Son conversaciones formales que el Ejecutivo fechó en agosto de 2025, pero que para algunos se ha transformado en una verdadera traba, o intención de delimitar lo más posible el desarrollo de los proyectos que lleguen a buen puerto.
Por el lado privado también se nota movimiento, y no es menor. HIF Global firmó en mayo de 2025 un acuerdo de suministro de e-combustibles con Porsche y Shell para la planta Haru Oni en Punta Arenas, un hito porque da certidumbre para escalar en producción. Además, la compañía reporta 180 empresas magallánicas incorporadas a su cadena de valor, muestra de encadenamientos locales que las mesas regionales buscarán multiplicar.
Del lado público-productivo, Corfo mantiene líneas para I+D, consorcios tecnológicos y apoyo a primeros proyectos, además de articular financiamiento multilateral. Su rol ha sido clave desde los llamados iniciales para el desarrollo de la industria y sigue en la agenda 2024-2025 con instrumentos específicos del Plan de Acción.   
Al mismo tiempo, en Magallanes, gremios y empresas han sostenido diálogos técnicos sobre obras, logística portuaria, mano de obra y estándares constructivos. A la par, universidades y centros locales impulsan programas de formación en tecnologías de H2V, coordinados con Corfo y actores regionales.
¿Qué es lo que viene? reglas finas y sincronización de tiempos
El consenso que emerge de estos diálogos es claro: No se trata de construir “todo y ya”, sino de sincronizar permisos, infraestructura crítica, estándares ambientales y creación de demanda, con prioridades.
¿Ejemplos?
• Estándares ambientales vinculantes y su bajada a proyectos.
• Contratos de suministro que den espacio a inversiones.
• Instrumentos de fomento y garantías público-privadas para las primeras plantas y derivados.
• Encadenamientos locales y capacitación, para que el valor quede en la región.
Todo lo anterior es fundamental ya que con vientos de clase mundial y un ecosistema en formación, Magallanes se puede posicionar como el epicentro chileno del H2V, pero su consolidación dependerá de que estos acuerdos —nacionales y regionales— se transformen en reglas claras, proyectos financiables y beneficios visibles para las comunidades. Ese es, hoy, el corazón de las conversaciones en curso. Y es muy importante que las leyes que se lleven adelante, o los proyectos que se presenten, sean conversados con los protagonistas a cargo de los proyectos en curso, y no se hagan entre unos pocos que podrían tomar decisiones equivocadas producto de desconocimiento o ideología.
