Gabinete regional: La política entrampada en sus propias prácticas [Por Mauricio Vidal Guerra]
En Magallanes, la conformación de cada nuevo gabinete regional parece seguir un guion conocido y predecible. Cambian los nombres, cambian los colores políticos y cambian los discursos de campaña, pero el resultado final suele ser el mismo: Semanas, o meses, de incertidumbre, disputas internas y negociaciones opacas que poco tienen que ver con las urgencias reales de la región.
Mientras las oposiciones suelen brillar por su ausencia o se limitan a observar desde la barrera, quienes están llamados a gobernar terminan enfrascados en peleas internas por cargos, cuotas de poder y espacios de influencia. El debate se aleja rápidamente del mérito, de las capacidades técnicas o de un proyecto regional claro, y se centra en el reparto de sillones. Justamente aquello que la ciudadanía más critica de la política, y que “moros y cristianos” se critican mutuamente cada vez que llegamos a este capítulo de esta añeja serie.
El problema no es nuevo ni exclusivo de un sector. Es una práctica que se ha vuelto estructural y transversal, al punto de normalizarse. Los gabinetes regionales no se conforman con una lógica de servicio público ni de eficiencia administrativa, sino como un tablero donde se equilibran fuerzas partidarias, se pagan apoyos políticos y se proyectan futuras candidaturas. Magallanes termina siendo el escenario de una disputa que responde más a intereses internos que a una visión estratégica de desarrollo. Y también podremos ver, y ya hemos visto, a algunos repitiendo monsergas que no aportan, publicando inventos, u ofreciéndose para pelear públicamente con alguien con tal de ser tomado en cuenta para algún cargo. La falta de dignidad también se logra observar claramente por estos días.
El daño que este comportamiento le hace a la política es profundo. Cada retraso en la conformación del gabinete implica paralización de decisiones, programas que no avanzan y una sensación de improvisación permanente. Pero, además, erosiona la confianza ciudadana. La gente ve cómo quienes prometieron hacer las cosas distinto terminan replicando las mismas prácticas que tanto criticaron cuando eran oposición.
La ausencia de una oposición activa y propositiva agrava el escenario. Sin contrapesos reales ni presión política externa, los conflictos se trasladan al interior del futuro oficialismo, generando un clima de desorden que debilita la gobernabilidad desde el primer día. El gabinete nace tensionado, fragmentado y con lealtades divididas, lo que termina afectando la gestión regional en su conjunto.
Magallanes, por sus características geográficas, económicas y sociales, necesita equipos sólidos, cohesionados y con capacidad de decisión. No puede darse el lujo de perder tiempo en disputas internas mientras enfrenta desafíos estructurales en conectividad, desarrollo productivo, infraestructura y calidad de vida. Sin embargo, una y otra vez, la política parece no aprender de sus propios errores.
La conformación de un gabinete regional debiera ser un acto de responsabilidad y liderazgo, no una pelea de poder. Mientras esto no cambie, la política seguirá alejándose de la ciudadanía y profundizando el descreimiento generalizado. En una región que exige soluciones concretas y urgentes, seguir entrampados en las prácticas de siempre no solo es un error, si no que es una falta grave de sentido público.
Por Mauricio Vidal Guerra, periodista, director ZonaZero.cl
