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Magallanes: Una región aislada por la mala conectividad y la falta de decisiones

La Región de Magallanes y de la Antártica Chilena arrastra desde hace décadas un problema estructural que sigue sin resolverse: Una conectividad deficiente, cara e inestable, tanto al interior del territorio como hacia el resto del país. Pese a ser una región extrema y estratégica, las soluciones han sido parciales, insuficientes y, en muchos casos, postergadas por una mirada centralista que no logra dimensionar la realidad del extremo sur.

En el ámbito externo, la dependencia casi absoluta del transporte aéreo evidencia un mercado con escasa competencia, altos precios y una oferta limitada frente a una demanda permanente. Viajar desde Punta Arenas a Santiago o a otras ciudades del país se ha convertido en un lujo para muchas familias, con tarifas que superan ampliamente el promedio nacional y que aumentan de forma abrupta en temporada alta, fechas festivas o ante cualquier contingencia climática. La falta de alternativas reales deja a los magallánicos cautivos de un sistema que no garantiza continuidad ni precios razonables.

La conectividad interna tampoco ofrece un mejor panorama. Las rutas terrestres discontinuas, la dependencia de transbordadores y barcazas, y la escasa frecuencia de servicios hacia comunas como Porvenir, Puerto Williams, Puerto Natales o localidades más aisladas, generan una fragmentación territorial que afecta el acceso a salud, educación, trámites y actividad económica. Un viaje dentro de la misma región puede implicar largas esperas, altos costos y una logística compleja que no debiera ser normalizada.

A este escenario se suma una visión miope desde el nivel central, donde Magallanes sigue siendo tratada como una excepción lejana y no como una prioridad estratégica. Las políticas públicas en conectividad se diseñan desde Santiago, sin considerar las particularidades geográficas, climáticas y sociales de la región, ni el impacto que el aislamiento tiene en la calidad de vida de sus habitantes.

Pero la responsabilidad no es solo del centro del país. A nivel regional, las gestiones de las autoridades locales han sido débiles y poco efectivas. Faltan propuestas de largo plazo, presión política sostenida y una agenda clara que ponga la conectividad como eje central del desarrollo regional. Se anuncian estudios, mesas de trabajo y diagnósticos, pero los avances concretos siguen siendo escasos.

La mala conectividad de Magallanes no es solo un problema de transporte: es una barrera al desarrollo, a la equidad territorial y a la integración real del país. Mientras no exista voluntad política para enfrentar este tema con decisiones estructurales y visión de futuro, la región seguirá pagando el costo de un aislamiento que ya no debiera ser aceptable en pleno siglo XXI.

Redacción ZonaZero.cl