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Triste realidad política: El Consejo Regional vuelve a exhibir su peor cara

Lo ocurrido en la última sesión del Consejo Regional de Magallanes volvió a instalar una sensación ya recurrente entre la ciudadanía: Más que un espacio de deliberación para el desarrollo de la región, el CORE se ha transformado en un escenario de peleas políticas, acusaciones cruzadas, infantilismos y disputas ideológicas, donde el interés colectivo parece quedar en segundo plano.

La discusión por el proyecto de control biométrico para aeropuertos y pasos fronterizos, que contempla una inversión cercana a los 5 mil millones de pesos, se extendió por más de una hora y estuvo marcada por gritos, insultos y enfrentamientos directos entre consejeras y consejeros de distintos sectores políticos. Derecha e izquierda se trenzaron en duros cruces, evidenciando un clima de alta crispación y poca disposición al diálogo constructivo.

Durante la sesión incluso se registraron acusaciones de presiones políticas, lo que elevó aún más la tensión entre los integrantes del cuerpo colegiado. Por un lado aprobaron el proyecto en bloque, defendiendo la iniciativa como un avance en materia de seguridad y control migratorio. Por el otro, rechazaron la propuesta con discursos que incluso fueron algo agresivos.

El proyecto busca modernizar los sistemas de identificación en una región con múltiples pasos fronterizos y aeropuertos, incorporando huellas dactilares, reconocimiento facial y registros biométricos, con el objetivo de reducir causas archivadas por imputados desconocidos, fortalecer el control migratorio y mejorar las capacidades investigativas de la PDI.

Fue tan bajo el nivel del debate y los intentos de sulfurar al “contrincante” político, que varias de las cosas que se dijeron en la sesión incluso no se acercan mucho a la realidad. Alguno habló que una supuesta reducción del presupuesto original, otro apuntó a que este proyecto implicaría una menor cobertura y menos controles efectivos, y también se puso en duda la efectividad del sistema. Sin dejar de lado una especie de alerta sobre eventuales conflictos de interés con la empresa ejecutora.

Cómo se lee, de todo y para todos los gustos, lamentablemente.

En otro momento, se relativizó el carácter innovador del proyecto, señalando que experiencias similares ya se aprobaron en otras regiones. Y también se cuestionó el costo de la iniciativa, asegurando que invertir 5 mil millones de pesos solo por la exclusividad de ser “pioneros” no se justificaba. Pero no es todo, un consejero incluso llegó a decir que a partir de ahora el revisar un avión con cerca de 200 pasajeros podría demorar hasta cinco horas.

Desde otros puestos de la mesa del consejo se intentó poner paños fríos, pero la verdad es que no existe ni la voluntad ni la altura política para que eso pudiera ser una realidad. Echaron a perder el ambiente hacer mucho rato, y seguramente no podrán dialogar ni llegar a acuerdos importantes de manera transversal mientras dure su su mandato.

Más allá del destino puntual de este proyecto, la sesión dejó nuevamente en evidencia un problema más profundo: La baja calidad del debate político regional. Como ciudadanía y como generación, Magallanes parece estar pagando el costo de tener representantes más preocupados de intereses individuales, partidistas o ideológicos, que de construir acuerdos y empujar una agenda seria de desarrollo regional.

Las escenas de gritos, descalificaciones y enfrentamientos personales se repiten sesión tras sesión, consolidando una percepción de mala fortuna política, donde quienes debieran liderar y proyectar el futuro de la región se entrampan en disputas estériles, alejadas de las reales necesidades de Magallanes.

Redacción ZonaZero.cl