El ninguneo de Chilevisión al único Festival en la Patagonia [Por Mauricio Vidal Guerra]
Lo que pasa cuando el centro ignora todo lo que está fuera de Santiago… Hay gestos que parecen pequeños desde el escritorio santiaguino, pero que en regiones resuenan como una bofetada. Lo que hoy ocurre con la promoción y transmisión televisiva de un supuesto “festival de la Patagonia” en Coyhaique no es solo una confusión comunicacional: Es otro capítulo del histórico ninguneo cultural hacia el extremo sur de Chile.
Partamos por lo evidente. Que Coyhaique tenga un gran evento musical es positivo. La descentralización cultural no se discute, se celebra. La Patagonia es amplia, diversa y compartida. Nadie en Magallanes podría oponerse a que más ciudades levanten escenarios, convoquen artistas y proyecten identidad. El problema no es el festival. El problema es el nombre, la apropiación simbólica y la liviandad con que Chilevisión y su dirección artística borra décadas de historia. O sencillamente la desconocen.
Porque el Festival de la Patagonia (el verdadero, el que nació a fines de los años 60, el que se realiza en invierno, el que ha marcado generaciones del folclor chileno y argentino), tiene un hogar claro e indiscutido: Punta Arenas.
No es una marca disponible ni un concepto genérico. Es patrimonio cultural del sur austral, construido con esfuerzo comunitario, con identidad regional y con una competencia folclórica única en el país, donde la canción de raíz sigue siendo protagonista cuando en otros escenarios ya fue desplazada por el espectáculo fácil.
Que hoy Chilevisión utilice fórmulas como “Festival en el corazón de la Patagonia”, mientras toda su promoción sugiere que se trata del Festival de la Patagonia, no es inocente. Es marketing centralista. Es desconocimiento (o peor, indiferencia), hacia una tradición cultural que no pertenece a Santiago ni a la televisión, sino a una comunidad concreta del extremo sur, y sobretodo a los miles de artistas y cantores chilenos y argentinos que sí saben de su importancia y fundamental historia.
Y aquí aparece una responsabilidad editorial ineludible. El director artístico del proyecto, Julio César Rodríguez, no puede escudarse en tecnicismos publicitarios. En cultura, los nombres importan. Nombrar es reconocer historia. Cambiar el contexto de un nombre histórico para hacerlo calzar en una estrategia televisiva no es creatividad: Es apropiación simbólica.
Lo más injusto es que esta polémica era completamente evitable. Bastaba con crear un festival con identidad propia, con relato propio, con nombre propio. Coyhaique no necesita colgarse de ninguna tradición ajena para brillar. Tiene territorio, paisaje, música y comunidad suficientes para levantar algo auténtico. Lo que sobra en la Patagonia es identidad; lo que falta, muchas veces, es respeto desde el centro.
Porque cuando desde Santiago se relativiza la historia cultural de Magallanes, no solo se comete un error comunicacional. Se perpetúa una lógica antigua. La de mirar el mapa de Chile como si terminara mucho antes del Estrecho.
Y en el sur ya estamos cansados de que nos descubran cada verano… Para olvidarnos cada invierno.
Mauricio Vidal Guerra, periodista, director ZonaZero.cl
