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Magallanes, es hora de crecer en serio (Por Claudio Andrade)

Su rica historia, en más de un sentido, se lo demanda. Basta leer algunos de los apasionantes libros de historia regional para entender que el espíritu emprendedor se encuentra en la raíz del desarrollo de Magallanes.

Las discusiones acerca del papel del Estado en la región pueden volverse eternas, pero ha quedado probado que la región es hija de su capacidad de riesgo.

Poco de eso hemos visto en los últimos años y es como si, de alguna manera, el crecimiento —o cierto estado de beneficios ya adquiridos con el tiempo— nos hubiera hecho perder el rumbo.

Y el rumbo siempre es y será ir por más. Cuando un país no crece, pierde terreno. Aunque estas humildes palabras contradigan al ministro de Hacienda Nicolás Grau.

El perfil de los Delegados Presidenciales, Erika Farías para la región y Liber Lazo para Última Esperanza, hacen pensar en un cambio en el pensamiento político que rige al país. Ambos tienen larga historia política, pero también un perfil vinculado a lo empresarial y al esfuerzo personal. No deja de resultar un evento que provoca esperanza.

Magallanes no utiliza sus capacidades y recursos tal como debería. No en toda su dimensión. En poco menos de una década, El Calafate, por ejemplo, ha observado cómo se dispararon sus visitas hasta tocar en 2025 casi las 800 mil. El Parque Nacional Torres del Paine ronda los 300 mil. El Chaltén, otro ícono del trekking en Santa Cruz, ya alcanzó el millón de visitantes.

Entonces, ¿nos alcanza con 300 mil turistas para decir que tenemos un verdadero negocio entre manos en la región? Hay un negocio, sin duda, pero todavía es limitado. Aún queda mucho por hacer en el sector.

Del mismo modo podríamos preguntarnos si es suficiente para Magallanes producir 150 mil toneladas de salmón anuales en la región o podríamos ir por una cifra superior.

Los antepasados que fundaron el Magallanes chileno y moderno no hubieran dudado de qué parte estar en este debate.

Para crecer y ampliar la base económica, para impulsar la riqueza y mejorar servicios esenciales (salud, educación, infraestructura general), es esencial multiplicar los ingresos.

La clase política que representaba al presidente Gabriel Boric hasta ahora, sobre todo, mostró un grado de coincidencia en lo social e ideológico que no se aventuró en este terreno: el de los números y las proyecciones que surgen por iniciativas diversas.

Es hora de pensar en más. Más turistas, más producción acuícola, más visitantes al Paine, más derivados del petróleo, más ideas. Solo así lograremos el desarrollo que una vez soñamos.