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Ambas caras de La Moneda a días del Cambio de Gobierno [Por Miguel Sierpe Gallardo]

Resulta llamativo observar que, al concluir el mandato del Presidente Gabriel Boric, las críticas más severas y contundentes no provienen únicamente de la oposición, sino que son emitidas por miembros de su propia coalición de gobierno. Un ejemplo claro de esto, es el caso del Gobernador de la Quinta Región, Rodrigo Mundaca, quien no dudó en exponer abiertamente su decepción y frustración con la administración encabezada por Gabriel Boric.

Mundaca calificó como un fracaso el hecho de que el gobierno transfiera la banda presidencial a quienes representan posiciones completamente opuestas. Además, enumeró una serie de desaciertos, como el denominado “Cable Chino”, la fallida eliminación de los delegados presidenciales y la ausencia total de descentralización administrativa. A esto se suman otros errores que, según sus palabras, conforman un listado extenso y preocupante, señalando, entre otros aspectos, la mala planificación de la hacienda pública, lo que habría provocado recortes en los gobiernos regionales durante los últimos tres años.

El gobernador también advirtió que este gobierno hipotecó tempranamente su programa al vincular su destino al proceso constituyente, lo que, a su juicio, llevó a la pérdida de todas las elecciones relevantes durante este ciclo político: el proceso constituyente, las municipales, las parlamentarias y la presidencial. Mundaca concluye expresando su deseo de que, en adelante, ni el Frente Amplio ni el Partido Comunista lideren la oposición, evidenciando así la magnitud de la autocrítica desde el propio sector.

Escuchar esta dureza y nivel de autocrítica por parte de un actor relevante del mismo sector, resulta impactante, ya que el origen de Mundaca está precisamente en aquel grupo que hoy asume gran parte de la responsabilidad por los resultados adversos del periodo.

Desde la perspectiva opositora, las declaraciones recientes han reforzado su sentimiento de haber sido los grandes ganadores en el escenario político. Sin embargo, esta sensación de triunfo coincide con una estrategia inicial en ministerios y subsecretarías que ha favorecido a los “Independientes” vinculados al mundo empresarial. Este enfoque, aunque otorga una aparente tranquilidad a quienes observan desde fuera, está destinado a cambiar radicalmente a partir del 11 de marzo, cuando las nuevas autoridades comiencen a interactuar directamente con actores como las Federaciones de trabajadores, los Colegios de profesores y diversas organizaciones sociales y comunitarias, que traerán dificultades en la relación con actores sociales, aunque estos mundos han estado poco conectados, la naturaleza de la gestión pública exige que inevitablemente se crucen para lograr sus respectivos intereses.

Así, el nuevo gobierno enfrentará el desafío de cumplir con las expectativas generadas durante la campaña electoral, particularmente aquellas que prometían soluciones inmediatas. La ciudadanía espera cambios concretos y existe muy poca tolerancia a la espera.

Como chileno, deseo de que la nueva administración logre resultados satisfactorios en tiempos razonables; de lo contrario, el país podría enfrentar tensiones en las calles, colegios y universidades, desembocando en una nueva crisis social que nadie bien intencionado quiere experimentar.

Se espera éxito para el nuevo gobierno, pero este solo será posible si se actúa con humildad y unidad, recordando que la administración pertenece a todos los chilenos y no solo a los partidarios. Gobernar únicamente para los propios, conduce inevitablemente a un desenlace negativo y rápido.

Por Miguel Sierpe Gallardo, columnista.