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AQUASUR 2026: El punto de inflexión político de la salmonicultura [Por Mauricio Vidal Guerra]

Lo ocurrido en AquaSur 2026 va mucho más allá de una feria sectorial. Lo que se vio en Puerto Montt fue, en los hechos, un punto de inflexión político en torno a la salmonicultura chilena.

Durante años, la industria ha estado atrapada entre la incertidumbre regulatoria, la presión ambiental y un discurso público muchas veces más ideológico que técnico. Sin embargo, esta vez el escenario fue distinto: Hubo señales claras, coordinadas y, sobre todo, públicas desde distintos niveles del poder.

Por un lado, el gobernador de Magallanes, Jorge Flies, dio un paso que no es menor. Su respaldo explícito a la salmonicultura y su alineamiento con el Plan Salmón 2050 no solo ordenan la conversación en la región, sino que también envían una señal potente. Claramente las regiones productivas quieren ser protagonistas del desarrollo, no meros receptores de decisiones tomadas en Santiago.

Lo de Flies, además, tiene un valor político adicional. Proviene de un mundo que históricamente ha sido más cauto frente a la expansión del sector. Por lo mismo, su giro hacia una postura de colaboración activa refleja algo más profundo, que pareciera se acerca a la comprensión de que no hay desarrollo regional posible sin actividad económica sólida.

A eso se suma el mensaje del Presidente, José Antonio Kast, que en AQUASUR consolidó una línea que su gobierno ha venido insinuando: Pasar de la lógica de la restricción a la del impulso productivo. Su respaldo a la industria no fue solo simbólico. Apuntó directamente a temas estructurales como la permisología, la certeza jurídica y la necesidad de destrabar inversiones.

En otras palabras, se instala con fuerza una idea que durante años fue incómoda en el debate público y que se relaciona con que la sustentabilidad ambiental no puede sostenerse sin sustentabilidad económica.

El punto clave es que ambas señales (la regional y la nacional) convergen en un mismo eje: El Plan Salmón 2050, que comienza a perfilarse no solo como una hoja de ruta sectorial, sino como un verdadero acuerdo político-productivo de largo plazo.

¿Es esto suficiente? No necesariamente. Los desafíos siguen ahí: Conflictos ambientales, presión de ONG, exigencias internacionales y la necesidad de mejorar estándares. Pero lo que cambió en AQUASUR 2026 es el contexto en el que esos desafíos se enfrentan.

Hoy, por primera vez en mucho tiempo, la industria no aparece a la defensiva, sino con respaldo institucional claro y con un horizonte definido.

Y eso, en un país donde la incertidumbre ha sido la regla en materia de inversión, no es un detalle menor, es una señal de cambio de ciclo.

El desafío ahora no es menor. Porque cuando la política se alinea con el desarrollo, también aumenta la responsabilidad. Hacer bien las cosas, crecer con estándares y demostrar que el equilibrio entre producción y medio ambiente no solo es posible, sino necesario.

AQUASUR 2026 dejó eso sobre la mesa. Y lo hizo con claridad. La pregunta ya no es si la salmonicultura tiene espacio en Chile.

La pregunta es si Chile está dispuesto a aprovecharla.

Por Mauricio Vidal Guerra, periodista, director ZonaZero.cl