Ciencia para decidir: El conocimiento como base para tomar decisiones en la salmonicultura
En territorios complejos, donde convergen ecosistemas frágiles, actividad económica y regulación pública, las decisiones debieran apoyarse cada vez más en ciencia y datos. No siempre ocurre así. Con frecuencia las políticas se construyen sobre percepciones, presiones políticas o regulaciones diseñadas con información incompleta.
Por eso el reciente proyecto científico desarrollado en la región de Magallanes para optimizar la gestión de barrios salmonicultores merece una lectura más amplia que la meramente técnica.
Comienza a abrirse una discusión mucho más profunda: Cómo se toman las decisiones productivas en ecosistemas complejos y qué rol juega el conocimiento científico en ese proceso.
El estudio, impulsado por las compañías Blumar, Australis Mar y Cermaq Chile y respaldado por la Asociación de Salmonicultores de Magallanes, se desarrolló durante más de tres años e incorporó campañas oceanográficas, modelación sanitaria, estudios epidemiológicos y análisis del comportamiento de corrientes y dispersión de patógenos.
Ese trabajo permitió generar una base de información inédita para la zona y derivó en una decisión concreta de política pública: La Subsecretaría de Pesca y Acuicultura autorizó subdividir siete agrupaciones de concesiones salmonicultoras en el área de Río Verde.
Más allá de la medida específica, lo relevante es la lógica que hay detrás.
Cuando una actividad productiva opera en un ecosistema determinado, lo razonable es que exista cada vez mayor conocimiento sobre cómo funciona ese sistema: Sus ciclos, sus interacciones y también sus límites. Sin ese conocimiento, cualquier regulación corre el riesgo de transformarse en un ejercicio a ciegas.
Y ese ha sido, precisamente, uno de los problemas históricos en muchas políticas públicas vinculadas al mar.
Regulaciones complejas, con múltiples variables sanitarias y ambientales, pero diseñadas muchas veces con información parcial o con modelos que no reflejan del todo las condiciones locales.
El resultado suele ser conocido: normas difíciles de aplicar, incertidumbre para la industria y escasa efectividad en el control de riesgos.
La experiencia reciente en Magallanes sugiere un camino distinto.
Al integrar información oceanográfica, sanitaria y epidemiológica, los investigadores lograron modelar de mejor forma cómo interactúan los centros de cultivo dentro de un mismo sistema marino. Ese conocimiento permitió ajustar la configuración de los barrios productivos y mejorar la gestión sanitaria de los ciclos de cultivo.
En otras palabras, no se trata simplemente de producir más, sino de producir con mayor información sobre el ecosistema donde se produce.
Esa lógica no es nueva en el mundo acuícola. Países como Noruega, Canadá o Escocia llevan años utilizando modelaciones oceanográficas y sanitarias para diseñar su planificación productiva. Lo interesante es que Magallanes comienza a avanzar en esa misma dirección, incorporando conocimiento científico generado en el propio territorio subantártico.
Mirado en perspectiva, el valor de este tipo de iniciativas es doble.
Por una parte, permite reducir incertidumbres sanitarias y mejorar la bioseguridad de los cultivos. Por otra, fortalece algo que muchas veces falta en los debates regionales: información sólida sobre el funcionamiento real de los ecosistemas.
La discusión entre desarrollo productivo y conservación ambiental suele plantearse como un conflicto inevitable. En Magallanes ese debate aparece con frecuencia cada vez que se habla de acuicultura.
Pero avanzar en conocimiento científico sobre el territorio puede ser, justamente, una de las formas más concretas de salir de esa lógica de trincheras.
Porque mientras más se comprenda cómo funcionan los sistemas marinos, más herramientas existirán para diseñar reglas que realmente protejan el ecosistema sin paralizar actividades económicas que forman parte del desarrollo regional.
El desafío hacia adelante será que este tipo de investigaciones no se transformen en casos aislados, sino en parte de una práctica permanente de generación de conocimiento aplicado.
En regiones extremas como Magallanes, donde el mar es parte central de la economía y del ecosistema, decidir sin ciencia ya no debiera ser una opción.
La pregunta de fondo no es si la salmonicultura debe existir o no en la región. La pregunta es otra: Qué tan bien entendemos el ecosistema donde opera y qué tan informadas están las decisiones que se toman sobre él.
En ese terreno, cada dato nuevo vale más que cualquier consigna.
Redacción ZonaZero.cl
