El Club Hípico y la incomodidad de un relato que no alcanza para tapar el apuro y la ansiedad
Hace unos días el ex seremi Marco Uribe Saldivia intentó instalar una idea cómoda: Que aquí hubo un proyecto sólido, serio y truncado por decisiones políticas “centralistas”. Pero el problema es otro. Mucho más profundo. Y bastante más incómodo.
Porque si algo caracterizó el proceso que él lideró, fue precisamente la falta de claridad, de comunicación efectiva y de capacidad para explicar lo que se estaba haciendo. Y no es una crítica nueva. Ya había ocurrido antes con comités de vivienda que nunca encontraron respuestas claras y terminaron enfrentando silencio o evasivas. Incluso un escape a las afueras del edificio donde estaba su oficina, evitando enfrentarlos y tomando atajos para salir del paso.
¿Un proyecto sin base real?
Se insiste en que este era un proyecto “con sustento técnico”. Pero hay un dato clave que su escrito omite: El terreno del ex Club Hípico, según el plan regulador vigente, no permite otro uso que no sea el actual. Es decir, se empujó una expropiación sin tener resuelto lo más básico, que era qué se podía hacer legalmente con ese suelo.
Y peor aún, el cambio del plan regulador no es inmediato. Las estimaciones lo sitúan recién hacia 2030. Entonces, ¿cuál era la urgencia real? ¿Para qué expropiar ahora un terreno cuyo destino no estaba habilitado?
10 mil millones sin certezas
Otro punto que el ex seremi presenta como virtud (la gestión de recursos) en realidad abre otra interrogante crítica. Porque para avanzar, el proyecto requería $10.000 millones del Gobierno Regional. Es decir, no era un plan completamente resuelto ni financiado. Más allá del compromiso del propio Gabriel Boric, el anuncio dependía de recursos públicos adicionales, solicitados en medio de un escenario sin certezas normativas ni urbanísticas claras.
Más que una fortaleza, eso revela improvisación.
La promesa que no resistió el análisis
El origen de todo esto está en un anuncio del ex Presidente Gabriel Boric, que rápidamente se transformó en una promesa política sin el debido respaldo técnico. Y aquí está el punto central que Uribe evita: No se cayó un proyecto sólido. Pareciera que finalmente se frenó una idea con mala base estructural desde su inicio. Porque una política pública seria no parte por el titular, sino por la viabilidad. Y en este caso, esa viabilidad nunca estuvo del todo clara.
¿Quién debilitó la confianza institucional?
Uribe plantea que detener el proceso erosiona la confianza en el Estado. Pero la pregunta correcta es otra: ¿Qué genera más desconfianza? ¿Frenar un proceso mal diseñado, o avanzar en una expropiación sin reglas claras, sin comunicación efectiva y sin sustento normativo real?
La confianza institucional no se construye insistiendo en errores, sino corrigiéndolos a tiempo.
Más que una pausa: Un necesario aterrizaje
No, no es cierto que aquí se haya “retrocedido”. Lo que ocurrió pareciera que fue algo bastante más razonable. Poner freno a un proceso que nunca logró sostenerse con claridad frente a la ciudadanía. Porque gobernar no es solo empujar proyectos. Es saber explicarlos, validarlos y hacerlos viables. Y en eso, el proceso del ex Club Hípico simplemente no estuvo a la altura.
La pregunta final queda abierta, pero es inevitable: ¿Quién fue realmente irresponsable?
¿El que detiene una mala decisión… O el que insiste en defenderla cuando ya es evidente que no se sostenía?
Redacción ZonaZero.cl
