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Parque Nacional Kawésqar: El nuevo plan que vuelve a tensionar el futuro de la salmonicultura en Magallanes

La oficialización del Plan de Manejo del Parque Nacional Kawésqar, anunciada por la Corporación Nacional Forestal, no es solo un hito administrativo. En la práctica, marca un nuevo capítulo en una discusión que lleva años dividiendo a la región: La convivencia, o incompatibilidad, entre conservación ambiental, derechos indígenas y la expansión de la salmonicultura en los fiordos australes.

El documento, formalizado mediante resolución el 9 de marzo de 2026, establece las directrices para la gestión de uno de los territorios protegidos más extensos de la Patagonia chilena, resultado de un proceso participativo que incluyó consulta indígena al pueblo kawésqar, cuyas comunidades consideran esos canales y archipiélagos parte de su territorio ancestral. 

Pero más allá del carácter institucional del instrumento, el verdadero impacto del plan se juega en el mar.

Un territorio donde ya operan salmoneras

La discusión no parte desde cero. En el área vinculada al sistema Kawésqar, especialmente la reserva marina y los fiordos cercanos, existen decenas de concesiones salmoneras otorgadas por el Estado antes de la creación de las áreas protegidas.

En Magallanes, cerca de la mitad de las concesiones acuícolas se ubican dentro de la Reserva Nacional Kawésqar, lo que convierte a este plan en un factor decisivo para el futuro del sector en la región. 

En otras palabras, lo que se decida sobre este territorio no solo afecta a un parque nacional: Afecta directamente la proyección de una de las industrias exportadoras más relevantes del extremo sur.

Uno de los elementos centrales del plan, y que genera mayor inquietud en la industria, es la orientación hacia limitar nuevas concesiones dentro del área protegida.

Incertidumbre para el modelo productivo

La salmonicultura en Magallanes se desarrolló en gran parte sobre áreas que previamente habían sido declaradas aptas para acuicultura. La superposición posterior de figuras de protección ambiental, como la Reserva Kawésqar, abrió un complejo conflicto regulatorio.

Hoy el plan de manejo podría traducirse en restricciones a la expansión futura de la actividad, e incluso generar dudas sobre la renovación de algunas concesiones cuando expiren sus plazos.

Para el sector productivo, el problema no es solo ambiental, sino también de planificación.

La industria sostiene que la definición de “objetos de conservación” amplios (como fiordos, canales o fondos marinos) puede terminar clasificando automáticamente a la salmonicultura como amenaza, lo que dificultaría su continuidad en el largo plazo.

En un territorio donde las inversiones se planifican a décadas, esa incertidumbre regulatoria se vuelve crítica.

Conservación, cultura y economía

En el fondo, el plan vuelve a poner sobre la mesa una discusión mayor: Qué modelo de desarrollo quiere la Patagonia. Por un lado, la salmonicultura representa empleo, inversión y exportaciones.
Por otro, las comunidades kawésqar y organizaciones ambientales (ONG’s) sostienen que los fiordos de la región constituyen uno de los ecosistemas más prístinos del planeta y deben ser protegidos de actividades industriales intensivas.

El nuevo plan de manejo no cierra esa discusión, pero sí establece un marco institucional donde la conservación y la participación indígena en la gobernanza del territorio adquieren un peso creciente, que podría ser hasta restrictivo en términos económicos.

Más que un punto final, la aprobación del plan abre una etapa distinta.

El nuevo plan de manejo del Parque Nacional Kawésqar vuelve a instalar una incertidumbre que la región de Región de Magallanes arrastra desde hace años: Cuál será realmente el espacio para la salmonicultura en los fiordos australes. Aunque el documento oficializado por la Corporación Nacional Forestal busca ordenar el uso del territorio y fortalecer la conservación, en la práctica abre un escenario donde los límites entre protección ambiental, actividad productiva y decisiones futuras del Estado quedan sujetos a interpretaciones y eventuales cambios regulatorios. Para una industria que opera con inversiones de largo plazo, esa ambigüedad es casi tan determinante como una prohibición explícita.

El problema de fondo no es solo ambiental, sino de certeza jurídica y planificación regional. En Magallanes, la salmonicultura ha sido uno de los pocos sectores capaces de generar empleo, infraestructura y encadenamientos productivos en zonas aisladas. Sin reglas claras y estables sobre dónde y cómo se podrá operar en el futuro, el mensaje que se transmite es de cautela, cuando no de repliegue para nuevas inversiones.

Lo preocupante, es que abrir nuevos frentes de incertidumbre económica puede terminar debilitando la propia estrategia de desarrollo territorial.

Redacción ZonaZero.cl