Cuando la política se vuelve caricatura [Por Mauricio Vidal Guerra]
Hay momentos en que la política deja de ser conducción y se transforma en espectáculo. Y no uno bueno, sino de esos repetidos, predecibles, donde los actores cambian de nombre pero no de libreto.
Hoy asistimos a una versión cada vez más burda de ese guion. Autoridades nuevas que llegan prometiendo limpieza y terminan rápidamente salpicadas. Encargados que, teniendo la responsabilidad de fiscalizar, prefieren mirar al techo. Decisiones administrativas que huelen más a cálculo que a convicción. Todo bajo una capa delgada de discurso ideológico que ya no logra ocultar lo evidente.
Porque lo que estamos viendo no es solo mala política. Es algo más profundo. Una desconexión peligrosa entre el poder y la realidad.
Se denuncian irregularidades, se abren investigaciones por faltas a la probidad, aparecen vínculos incómodos entre quienes aprueban recursos para municipios y quienes después emiten facturas a esos mismos municipios. Y mientras tanto, en paralelo, funcionarios ven rebajados sus sueldos porque el famoso “corte de cola” pareciera que también se ocupa en altos niveles de la cada vez más triste e irresponsable política chilena. Por lo menos se está investigando…
Y la contradicción es brutal. El gobierno (que en campaña levantó un discurso claro, duro, casi moralizante) hoy parece extraviado en su propio relato. Lo que antes era certeza, hoy es ambigüedad. Lo que antes era convicción, hoy es cálculo. Y lo que antes era promesa de cambio, hoy comienza a parecer continuidad maquillada.
Pero quizá lo más preocupante no es eso. Es el tono.
Las declaraciones públicas parecen habladas desde otra realidad. Se construyen relatos que muchas veces bordean el alarmismo, o derechamente lo alimentan. Se habla con liviandad de temas que afectan directamente la vida cotidiana de las personas. Falta humanidad en el discurso, falta sentido de urgencia, falta hacerse cargo de que mientras se discute en oficinas, en la calle los precios empiezan a asfixiar.
Y en medio de todo, están los otros.
Los ciegos.
No los que no pueden ver, sino los que no quieren. Los que, aun teniendo todos los antecedentes frente a sus ojos, prefieren no incomodarse. Los que justifican lo injustificable porque “son de los nuestros”. Los que critican con dureza cuando están en la vereda de enfrente, pero guardan silencio cuando el problema nace en casa.
Esa ceguera (voluntaria, cómoda) es quizás uno de los mayores problemas de la política actual. Porque permite que todo esto siga ocurriendo.
Sin costo. Sin consecuencias.
La política, cuando pierde ética, se vuelve administración de intereses. Cuando pierde coherencia, se transforma en oportunismo. Y cuando pierde conexión con la gente, simplemente deja de servir.
Lo que estamos viendo hoy tiene algo de todo eso. Y lo más inquietante es que ya ni siquiera sorprende.
Por Mauricio Vidal Guerra, periodista, director ZonaZero.cl
