La importancia de la autocrítica y la integridad política tras una derrota [Por Miguel Sierpe]
Las derrotas políticas contundentes no se solucionan esperando que pase el tiempo, mientras se permanece escondido. En lugar de optar por la evasión, es fundamental levantarse con dignidad, reconociendo los errores cometidos, este proceso exige humildad, convicción y generosidad, junto a una autocrítica profunda y sincera. Solo así los ciudadanos pueden percibir un cambio real de actitud por parte de quienes lideran la coalición que fue derrotada estrepitosamente en diciembre, lo que resulta esencial para recuperar la confianza y la credibilidad, esa es la única forma de demostrar que hemos cambiado y que permaneceremos al lado de nuestras propias convicciones, sin abandonar nuestros principios.
La autocrítica, lejos de ser una muestra de debilidad, representa una oportunidad para demostrar que se ha aprendido de los errores y que existe un compromiso genuino con las propias convicciones, mantenerse fiel a los principios, sin abandonar la mirada donde siempre debió estar puesta, en el bien común y en la ciudadanía, aquello es indispensable para pensar que algún día, se podrá recuperar la confianza del país y de las grandes mayorías que alguna vez tuvieron confianza y depositaron sus esperanzas en esta coalición.
La autocrítica profunda y sincera se convierte en el núcleo de la reconstrucción política, reconocer los errores cometidos tras una derrota no implica debilidad, sino todo lo contrario: es la manifestación de humildad y convicción. Por supuesto que este proceso exige generosidad para escuchar a quienes antes confiaron y ahora dudan. El aprendizaje derivado de las equivocaciones fortalece la credibilidad y permite recuperar la confianza perdida, siempre que se mantenga el compromiso con los propios principios y se priorice el bien común.
Sin dudas se podrán conformar alianzas o coaliciones con quienes piensen distinto, no obstante aquellos acuerdos no pueden pasar sobre nuestra ideología y principios, no podemos asumir compromisos solamente para ser parte de un gobierno, sin que este se comprometa a respetar nuestras convicciones fundamentales, no podemos insistir en participar de un gobierno solo con la intención de tener cargos de confianza. La capacidad de establecer acuerdos no debe implicar el sacrificio de la propia ideología o valores fundamentales. Participar en un gobierno solo tiene sentido si existe el compromiso de respetar las convicciones esenciales; de lo contrario, el precio a pagar será la pérdida de autenticidad y coherencia. Permanecer junto a las propias convicciones es la única forma de demostrar un verdadero cambio y fortalecer la posición política desde la integridad.
Hay que reconocer que la alianza que respaldo a Jeannette Jara, perdió y luego se retiró a sus cuarteles y desde allí se comenzó a desmembrar paulatinamente, mientras los más visibles e insistentes siguen asumiendo que nada es tan terrible y quieren seguir insistiendo con recetas fracasadas y además lo hacen en forma soberbia sin el menor atisbo de humildad, lo que augura una inestabilidad en la futura oposición, lo que por cierto facilita la labor del futuro gobierno que aún con sus evidentes grietas y diferencias, tiene claro que a pesar del desorden en sus filas, no hay ningún orden en la próxima oposición.
Por Miguel Sierpe Gallardo, columnista.
