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El hidrógeno verde en 2026: Expectativas, tropiezos y una industria en pausa

Hace apenas unos años, Chile apareció en el radar global como una de las piezas estratégicas para el desarrollo del hidrógeno verde: Energía limpia producida mediante electrólisis del agua usando energía renovable, con el objetivo de abastecer industrias difíciles de descarbonizar y posicionar al país y a la Región de Magallanes como exportador clave hacia Europa y Asia gracias a sus recursos eólicos y solares únicos.

Sin embargo, aunque la promesa era enorme, los resultados concretos han sido más modestos de lo esperado. La cartera nacional llegó a superar las 80 iniciativas, pero muchas siguen atascadas en etapas de piloto o evaluación ambiental y solo una minoría está operativa. 

En Magallanes, donde el potencial de energía eólica es de los más altos del país, varios proyectos han enfrentado desafíos estructurales graves. Uno de los casos más visibles fue la decisión de la empresa francesa EDF de detener el proyecto “Energía Verde Austral”, planificado cerca de Punta Arenas, dejando sin marcha una iniciativa que pretendía usar energía eólica para producir hidrógeno y amoníaco verde a partir de agua desalada. 

Esta deserción se enmarca en un clima más amplio: Inversionistas extranjeros, que previamente mostraban interés por el sector, han retrocedido o reducido compromisos. Parte de la razón es el alto costo del hidrógeno verde comparado con alternativas basadas en combustibles fósiles, lo que desdibuja su atractivo comercial sin subsidios significativos ni mercados asegurados.

Este fenómeno se ha sentido incluso fuera de Magallanes. Proyectos de gran envergadura, como los vinculados a amoníaco verde y con capital internacional, han enfrentado observaciones ambientales numerosas o han visto repliegues temporales en sus planes de inversión. 

El nuevo Gobierno y un giro de prioridades

Con la llegada de la administración de José Antonio Kast, se observa una señal de cambio de enfoque en la política energética. Según análisis recientes, el Gobierno está replanteando prioridades en torno al hidrógeno verde y apuntando a objetivos más realistas, con producciones menores inicialmente y un énfasis mayor en desarrollo interno y valor agregado local antes de mirar exclusivamente la exportación. 

Esto ocurre en un escenario donde incluso en los años recientes se hicieron ajustes a la baja de metas de producción por la evidencia de una demanda global más débil de lo previsto y por los desafíos de costos.

Además de los tropiezos empresariales y las revisiones de metas, el hidrógeno verde también ha generado debates sociales y ambientales. Y por su parte, organizaciones ambientalistas han accionado para intentar frenar el desarrollo de la gran mayoría de los proyectos locales.

Por otro lado, los más críticos incluso han señalado que la gran narrativa del hidrógeno verde, presentada como la solución energética del futuro, ha chocado con la realidad de mercados lentos, incertidumbre financiera y falta de contratos de compra estables, lo cual lleva a preguntarse si se trató de una esperanza que se construyó más desde el discurso que desde fundamentos firmes. Es cosa de revisar los elocuentes discursos del actual gobernador Jorge Flies desde hace más de cinco años.

¿Tiene futuro el hidrógeno verde?

A nivel global, el hidrógeno (especialmente en su variante verde) sigue siendo considerado por muchos expertos como un componente potencial de las estrategias de descarbonización, principalmente en sectores difíciles de electrificar como el transporte pesado, la minería o la producción de acero. Sin embargo, su competitividad económica todavía está en duda, y la industria enfrenta un llamado generalizado a que busque usos prácticos más inmediatos y mercados definidos, en lugar de depender exclusivamente del boom exportador.

En Chile, ese debate se traduce en que la industria puede avanzar, pero con mecanismos de apoyo más prudentes, enfoque en capacidades locales y mercados internos activos, antes de aspirar a colocar grandes volúmenes en mercados internacionales. El reciente ajuste de estrategia nacional hacia metas más moderadas y un mayor énfasis en aplicaciones domésticas ilustra ese giro pragmático. Pero además, la imperiosa necesidad de tener un desarrollo portuario de acorde a las expectativas es crucial para Magallanes.

Mirada 2026

Para 2026, el hidrógeno verde en Chile entra en una fase de transición donde la ambición se mide en términos realistas: Se consolidan capacidades, se afinan marcos regulatorios, y se busca aproximar costos y demanda, antes de repetir grandes promesas de exportación. El rumbo marcado por el nuevo Gobierno, sumado a la experiencia de proyectos concretos detenidos o replanteados, indica que el hidrógeno puede tener un futuro en la matriz energética, especialmente para usos internos o nichos específicos, pero no sin antes resolver desafíos técnicos, económicos y sociales que han quedado en evidencia en los últimos años.

Redacción ZonaZero.cl