Magallanes exporta más, pero depende de pocos: El riesgo detrás de los US$1.458 millones en exportaciones
Magallanes cerró 2025 con una cifra que, en cualquier titular, suena potente: más de 1.458 millones de dólares en exportaciones, con un crecimiento cercano al 30% respecto al año anterior. Un salto relevante, que además deja atrás la caída registrada en 2024 y marca un nuevo piso para la actividad regional.
Pero como suele pasar en la economía magallánica, el dato grueso es solo la mitad de la historia.
El motor del crecimiento fue claro, y preocupante a la vez, el sector industrial concentró más del 97% del valor exportado. Es decir, prácticamente toda la expansión depende de un solo eje productivo. Dentro de ese bloque, destacan alimentos procesados, refinación de petróleo y otras actividades industriales que, en distintos meses, mostraron alzas interanuales de dos dígitos.
El problema no es crecer. El problema es cómo se crece.
Porque cuando una región depende de un solo sector, cualquier cambio externo como precios internacionales, demanda, regulaciones o conflictos, puede golpear con fuerza. Y eso se agrava cuando también hay concentración en los destinos.
Brasil aparece como un comprador clave, junto a Estados Unidos, consolidando una dependencia estructural del mercado americano. Más de la mitad de las exportaciones regionales se dirigen a ese bloque. A eso se suma la irrupción de Asia, particularmente China y Corea del Sur, que durante 2025 mostraron crecimientos significativos y episodios puntuales de alta demanda.
En simple: Magallanes vende más, pero a pocos y con poca diversificación.
El comportamiento mensual refuerza esa idea. Enero fue el mes más alto del año, con un salto cercano al 78% respecto al mismo mes de 2024. Mayo también marcó un peak impulsado por la industria, mientras que otros meses mostraron caídas o correcciones. Hay dinamismo, sí, pero también volatilidad.
Porque detrás de estos números no hay todavía una matriz exportadora robusta, diversificada y resiliente. Hay, más bien, una estructura que sigue dependiendo de ciclos y de decisiones que muchas veces se toman fuera de la región.
La pregunta entonces es inevitable: ¿Este crecimiento es sostenible en el tiempo o es un buen año dentro de una estructura frágil?
Magallanes lleva años hablando de diversificación productiva: hidrógeno verde, turismo de alto estándar, ciencia, logística antártica. Pero, en los hechos, la canasta exportadora sigue concentrada en lo de siempre.
Mientras se proyectan industrias del futuro, la economía real sigue anclada en sectores tradicionales. No es necesariamente un problema (de hecho, son los que hoy sostienen el crecimiento), pero sí una señal de que la transición productiva avanza más lento de lo que se promete.
En ese escenario, depender fuertemente de un mercado como el brasileño no es solo una oportunidad. Es también una vulnerabilidad.
Porque si Brasil se desacelera, cambia sus reglas o reduce su demanda, el impacto en Magallanes sería inmediato.
Lo mismo ocurre con Asia, donde los crecimientos pueden ser tan rápidos como inestables. Por eso, más que celebrar la cifra, el desafío está en leer lo que hay detrás. Magallanes está exportando más. Pero aún no está exportando mejor.
Y en economía regional, esa diferencia, aunque no siempre se note en los titulares, es la que define el futuro.
Redacción ZonaZero.cl
