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Vocera en duda: La respuesta que se omitió sobre si el Estrecho de Magallanes es chileno

Lo que debía ser una respuesta evidente terminó convirtiéndose en un problema político mayor. La ministra vocera de Gobierno, Mara Sedini, quedó en el centro de la polémica tras no ser capaz de afirmar con claridad que el Estrecho de Magallanes es chileno, justo en medio de la controversia generada por los dichos del jefe del Servicio de Hidrografía Naval argentino, Hernán Montero, lo que elevaba aún más la sensibilidad del momento y hacía todavía más evidente la necesidad de una respuesta firme e inmediata.

La escena fue tan simple como incómoda. Una pregunta directa, sin doble lectura ni tecnicismos, que requería una definición política básica, y una vocera que opta por no responder con claridad. Horas después, el canciller Francisco Pérez Mackenna debió salir a reafirmar la soberanía chilena, en una señal que no solo buscaba cerrar la controversia, sino también corregir una omisión que nunca debió existir, menos aún tratándose de la voz oficial del Gobierno frente al país.

Ya con el paso de las horas, Sedini intentó explicar lo ocurrido señalando que “por supuesto que es chileno” y que su problema fue no entender bien la pregunta o no manejar el contexto en ese momento, argumentando además que lo responsable es entregar respuestas institucionales y no improvisar en pasillos. Sin embargo, esa defensa abre un flanco aún más complejo, porque la pregunta no requería ningún análisis adicional ni antecedentes técnicos, sino simplemente afirmar una verdad histórica, política y territorial que en Chile, y especialmente en Magallanes, no admite matices ni vacilaciones.

Y es justamente ahí donde el episodio adquiere otra dimensión. Porque lo que en Santiago puede parecer un error comunicacional o una descoordinación menor, en Magallanes se vive de otra manera, ya que el Estrecho no es solo una referencia geográfica, sino un elemento central de la identidad regional, un símbolo de soberanía construido en condiciones extremas y que forma parte de la historia viva del territorio. En ese contexto, no responder, dudar o relativizar (aunque sea por omisión) no es neutro, sino que se interpreta como una señal de desconocimiento o, peor aún, de desconexión.

Lo ocurrido, además, no es un hecho aislado, sino que se suma a una percepción que se ha ido instalando con fuerza en regiones. La distancia entre el nivel central y las realidades locales, especialmente en zonas estratégicas como Magallanes, donde los temas de soberanía no son teóricos ni discursivos, sino parte de la vida cotidiana. Una vocera que no logra responder algo tan básico no solo comete un error puntual, sino que evidencia una falta de sintonía que termina teniendo costos políticos y simbólicos mucho más amplios.

Por eso, más allá de las explicaciones posteriores o de los intentos por instalar que hubo exageración, el problema de fondo sigue siendo el mismo, y es que no fue la prensa, no fue el contexto, no fue el momento incómodo. Fue la incapacidad de responder lo que cualquier autoridad debiese tener absolutamente claro sin necesidad de preparación previa. Porque cuando se trata de soberanía, no hay espacio para dudas, y mucho menos para silencios.

Redacción ZonaZero.cl