La paradoja económica que vive Puerto Natales (Por Claudio Andrade)
Observar Puerto Natales desde la comodidad de un avión no deja de resultar impactante.
La imagen que se ofrece a los ojos es la de un breve mapa enclavado en un borde de playa a pocos metros de las montañas, los fiordos y, por detrás, la inmensidad plana típica del extremo sur.
Uno se pregunta cómo los colonos chilenos y extranjeros llegaron a edificar un refugio en el fin del mundo que tuviera sentido para ellos y para las nuevas generaciones.
Aquí estamos. Puerto Natales las ha pasado todas. Revoluciones obreras, etapas de profunda crisis económica y social, hasta llegar, después del 2000, a una época en que florecen e impactan positivamente el turismo y la salmonicultura.
Alguna vez Natales “vivió” de la mina de Río Turbio, un hecho que no debería ser olvidado, mientras que hoy se consolida como una economía fuerte que tiene dos pilares: los más de 350 mil turistas de todo el mundo que visitan el Parque Nacional Torres del Paine, y la producción salmonera que representa para Magallanes alrededor de USD 600 millones en exportaciones y más de 7000 empleos. Ese turismo, a su vez, se traduce en unos USD 400 millones en gastos por parte de los visitantes. De manera que Última Esperanza contribuye a la región con cerca de USD 1000 millones.
Solo la Asociación de Prestadores de Servicios a la Industria Acuícola y Pesca de Natales (APSIA) contiene a más de 1000 trabajadores, un hecho impensado en los 70, 80 y principios de los 90, cuando la mina de YCF todavía daba empleo a miles de natalinos.



Paradójicamente, el municipio de Puerto Natales ha revelado, al principio del actual ejercicio conducido por Ana Mayorga, un déficit de unos $13.000 millones que se vienen acarreando desde las anteriores administraciones. Una situación que también se evidencia en la falta de actividad municipal en el llano.
Durante años colgaron desde los postes de luz cables (y a la altura de nuestras narices) correspondientes a telefonía o cable (o ambos), sin que nadie hiciera nada por arreglar este problema urbano que sorprendía a los propios turistas, tal como observó este cronista.
Finalmente, Mayorga logró que en el centro de la ciudad esta falta —a todas luces una falta urbanística— fuera resuelta.
Pero queda pendiente el mantenimiento de las calles, de las veredas, de la bicisenda, de espacios públicos como plazas que han perdido todas sus luminarias, calles que tienen bajísimos niveles de iluminación por la noche (O’Higgins y Baquedano hacia el barrio alto, sin ir demasiado lejos), el mantenimiento tan necesario del gimnasio que alberga el hermoso Polideportivo Municipal. En otras palabras, la “pobreza” institucional es innegable.
Por esto mismo, sorprende la paradoja de Puerto Natales: una ciudad pujante en el sector privado aunque “pobre” y aproblemada en lo público. No queda más que preguntarse: ¿qué le ha ocurrido a la ciudad en tanto institución? ¿Por qué ha sido administrada de una forma tan deficiente que la dejó en rojo y con esa reducida capacidad de maniobra?
En octubre de 2025 se llevó a cabo en Natales el encuentro internacional de turismo ATTA, desde donde se mostraron a más de 1000 operadores de todo el planeta las bellezas del Paine, pero también de la localidad.
La semana próxima, el miércoles 29 de abril, se llevará a cabo en el Hotel Singular el AquaForum, del cual participarán los principales actores de la industria salmonicultora. Estarán las principales autoridades regionales e importantes funcionarios nacionales.
Es decir, el desarrollo y la proyección de industrias como el turismo y la acuicultura contienen una dinámica ascendente, mientras que las cuentas públicas del municipio lo hacen en dirección contraria.
De acuerdo con números del mercado, los salarios de la salmonicultura en Magallanes representan unos USD 100 millones anuales.
Se estima que entre 11.000 y 13 mil personas trabajan en turismo de modo directo en Magallanes, y que entre un 40 % y un 60 % lo hace específicamente en Puerto Natales/Torres del Paine. De modo que buena parte de la población económicamente activa en Última Esperanza trabaja en el turismo o la salmonicultura. A esto se suman las millonarias cifras que las industrias entregan al municipio en concepto de pantentes y permisos.
Visto desde esta perspectiva, el teorema del empleo parece resuelto en una comunidad de poco más de 20.000 habitantes como es Natales, que ya ha superado la pobreza estructural. Otro logro poco imaginable en los 70 y 80.
El desafío queda planteado entonces: ¿cómo se acomoda el sector público en crisis a una realidad económica que tiene grandes protagonistas? Pensemos en otro caso: el municipio todavía adolece de lentitud en el otorgamiento de autorizaciones para el funcionamiento de emprendimientos comerciales. Una prueba más de que le falta vigor a su burocracia interna.
