A 35 años de la tragedia aérea de LAN en Puerto Williams: El día en que el Beagle se tiñó de luto
20 de febrero de 1991. En el extremo sur del continente, la entonces pequeña localidad de Puerto Williams quedó marcada por uno de los accidentes más recordados de la aviación nacional: La caída al mar de un avión de LAN Chile tras sobrepasar la pista del aeródromo Guardiamarina Zañartu y precipitarse a las aguas del Canal Beagle.
Han pasado 35 años y el recuerdo sigue intacto en la memoria colectiva del “fin del mundo”.
La aeronave, un British Aerospace BAE-146-200A, había despegado desde el Aeropuerto Presidente Carlos Ibáñez del Campo, en Punta Arenas, con destino a Puerto Williams. Se trataba de un vuelo chárter: Los pasajeros (66 turistas en su mayoría europeos y norteamericanos) continuarían viaje hacia la Antártica a bordo del buque Society Explorer, que esperaba atracado en el muelle local.

En total viajaban 73 personas: 66 pasajeros y 7 tripulantes. El BAE-146 era un modelo reconocido por su capacidad para operar en pistas cortas y en condiciones meteorológicas complejas, razón por la cual era utilizado frecuentemente en rutas australes e incluso en operaciones vinculadas al continente blanco.
La maniobra que terminó en tragedia
El aterrizaje se produjo a las 15:24 horas. Según los antecedentes técnicos recopilados posteriormente, durante la maniobra final confluyeron varios factores: Viento de cola, pendiente de la pista, punto de contacto más allá de lo previsto y escasa adherencia en la superficie.
Pese a los intentos de frenado, la aeronave no logró detenerse. Sobrepasó el límite de la pista, impactó una estructura cercana y terminó precipitándose al mar, a unos 50 metros de la orilla.
El avión flotó aproximadamente cinco minutos, un lapso decisivo que permitió iniciar la evacuación. Luego comenzó a hundirse hasta quedar parcialmente sumergido, con el fuselaje visible sobre el agua helada del Beagle.
Un rescate contrarreloj
La reacción fue inmediata. Personal de la Armada de Chile, funcionarios del aeropuerto, tripulantes del Society Explorer, pescadores artesanales y vecinos de Puerto Williams acudieron al lugar con botes Zodiac y embarcaciones menores.
En medio del frío y la conmoción, lograron rescatar con vida a 53 personas. Sin embargo, 20 pasajeros, todos turistas norteamericanos, fallecieron por inmersión.

El capitán declaró posteriormente que el vuelo había transcurrido con normalidad y que las condiciones meteorológicas eran favorables. El primer oficial relató que, pese a los cambios de sistema y maniobras aplicadas durante el frenado, la aeronave no respondió como se esperaba en los últimos metros de pista.
Impacto y lecciones
El accidente generó una profunda revisión de los protocolos operacionales en aeródromos australes y volvió a poner en debate las particularidades técnicas de operar en pistas cortas con cercanía directa al mar. También reforzó la cultura de seguridad y análisis de factores humanos y operacionales en la aviación chilena.
Para Puerto Williams, el impacto fue doble: humano y simbólico. La comunidad completa participó en las labores de rescate y contención, en una escena que muchos aún recuerdan con nitidez. El pequeño poblado austral se convirtió, por unas horas, en el epicentro noticioso del país y del extranjero.
Treinta y cinco años después, el 20 de febrero sigue siendo una fecha de recogimiento. Se recuerda a las 20 víctimas fatales con respeto y se reconoce la valentía de quienes, sin dudarlo, se lanzaron al agua para salvar vidas.
En la geografía imponente del extremo sur, donde el viento y el mar imponen condiciones únicas, aquella tarde de 1991 quedó grabada como una de las jornadas más tristes de la aviación nacional. Una tragedia que marcó a Puerto Williams y que permanece, indeleble, en la memoria histórica de Magallanes.
Redacción ZonaZero.cl
Fotos de José Villarroel.
