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Kusanovic: Cuando el enojo y los malos impulsos reemplazan a la política

La trayectoria política reciente del senador Alejandro Kusanovic parece dibujada más por impulsos que por convicciones. En pocos años, e incluso meses, ha transitado desde pedir cupos en Chile Vamos, a respaldar con entusiasmo al Partido Republicano y al proyecto presidencial de José Antonio Kast, para luego desmarcarse abruptamente de ese mismo sector al que dedicó campaña, energía y discurso.

No se trata de una evolución ideológica profunda ni de una reflexión programática transparente. Más bien, las señales apuntan a un quiebre por exclusión: Kusanovic habría quedado fuera de los espacios de decisión y eso, lejos de canalizarse políticamente, derivó en enojo. Y cuando el enojo guía la acción política, el resultado suele ser ruido, no propuestas. Parafernalia y pataleos incongruentes, y nada de análisis y autocrítica.

El senador hoy da a conocer incluso supuestos e incomprobables acercamientos del mundo Kast con los parlamentarios Bianchi, cuestiona al “sistema político”, denuncia el centralismo y descalifica la llamada “política de acuerdos”. Todo eso podría sonar razonable si no fuera porque ese mismo sistema fue el que le permitió llegar al Senado; ese centralismo fue parte del engranaje con el que ha operado durante años; y la política de acuerdos es, guste o no, la base mínima de funcionamiento de cualquier democracia, especialmente en regiones como Magallanes.

Resulta contradictorio denunciar las reglas del juego solo cuando dejan de favorecerte. Más aún, es preocupante cuando se instala la idea de que dialogar es claudicar, o que los acuerdos son sinónimo de debilidad. Esa lógica (tan propia del extremismo) puede ser letal para Chile, pero también para Magallanes, una región que históricamente ha avanzado no por imposiciones ni amenazas, sino por trabajos conjuntos, transversales y muchas veces silenciosos.

La política no es un espacio para egos heridos ni para exigir tener la razón en todo. Es, por definición, el arte del acuerdo, del cruce de miradas, de ceder para avanzar. Cuando los liderazgos se mueven solo por conveniencia personal, cuando cambian de bando según el aplauso o la cercanía al poder, se erosiona la confianza pública y se vacía de contenido la representación.

Las volteretas no son solo un problema de coherencia individual. Son una señal de una política que se vuelve reactiva, personalista y poco responsable con el electorado. Y en una región que necesita certezas, diálogo y visión de largo plazo, ese tipo de política no solo no ayuda: Estorba.

Redacción ZonaZero.cl