Alza de los combustibles: Un relato que para muchos no se condice con la realidad
El problema no es solo el alza. El problema es cómo se decidió enfrentarla. Mientras millones de chilenos comienzan a hacer cálculos para ver cómo absorber un aumento de hasta 370 pesos por litro en las gasolinas y 580 pesos en el diésel, desde el Gobierno no solo se diseñaba una medida económica: También se diseñaba un libreto.
Una minuta “confidencial” (que hoy circula) deja en evidencia algo incómodo: La prioridad no era explicar el golpe, sino administrarlo comunicacionalmente. Decir lo justo, evitar ciertas palabras, instalar conceptos, controlar el tono. En simple: más preocupación por el relato que por el impacto.
Y ahí está el primer error. Porque cuando se instruye “no decir que es una situación grave”, lo que se hace es negar la realidad que vive la calle. Cuando se pide no hablar de impuestos o deuda “aunque sea para descartarlo”, lo que se genera no es tranquilidad, sino sospecha. Y cuando se ordena no mostrar incertidumbre, lo que termina percibiendo la ciudadanía es distancia. Distancia total.
Pero hay algo aún más delicado. La propia minuta reconoce que el riesgo es que la noticia se instale como “el gobierno sube la bencina” en vez de “el gobierno protege a los más vulnerables”. Es decir, se asume que el problema no es la medida, sino cómo se cuenta.
Y eso es, derechamente, un error político. Porque este no es un tema de encuadre. Es un tema de decisiones.
Aquí no había una sola alternativa. La magnitud del ajuste (uno de los más bruscos en años) abre una pregunta legítima: ¿Era necesario hacerlo de una vez? ¿No existía espacio para una gradualidad que amortiguara el golpe? ¿Se evaluó realmente el impacto en regiones, donde el combustible no es un lujo, sino una necesidad básica?
Lo que hoy se percibe es otra cosa. Se optó por soltar de golpe una presión acumulada, traspasando el costo directamente a las personas. Y luego, sobre eso, construir un discurso que pide calma, tono empático y palabras medidas. Pero el bolsillo no entiende de relatos, entiende de números.
Y esos números hoy no calzan.
Porque el transportista no puede “modular el tono” cuando carga combustible.
La pyme no puede “evitar instalar miedo” cuando suben sus costos.
Y la familia no puede “ceñirse al guion” cuando el presupuesto simplemente no alcanza.
Aquí se abrió una caja de Pandora innecesaria.
No solo por el alza en sí, sino por la forma. Porque cuando la política se concentra en administrar percepciones en vez de anticipar impactos, el escenario se complica. Y cuando eso ocurre, cualquier medida, por justificada que esté, se vuelve más difícil de sostener.
El Gobierno tenía la opción de hacer esto distinto. Con gradualidad, con mayor empatía, y sobre todo, con menos libreto y más realidad.
Porque al final del día, el problema no es cómo se comunica el golpe. Es el golpe mismo.
Redacción ZonaZero.cl
