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“Obligados” (Por Claudio Andrade)

Dicen que la suerte no existe, que todo es cuestión de ganas. En esta columna no estamos del todo de acuerdo. En ocasiones a la suerte hay que ayudarla (bastante) y en otras simplemente debemos dejarnos llevar y ver qué nos depara el destino.

Magallanes es un ejercicio de voluntad desde que, un 21 de septiembre de 1843, la goleta «Ancud» tomó posesión del Estrecho de Magallanes. Aventureros criollos y venidos de otras partes del mundo imaginaron construir un nuevo espacio de riqueza y poder a orillas del fin del mundo. No estaban demasiado errados.

Aquella voluntad de crecimiento siempre estuvo muy presente en su campo de visión. Desde la piel de lobo marino como moneda transaccional, pasando por la búsqueda de oro, el descubrimiento de los primeros spots de petróleo en 1945, hasta la llegada potente del turismo masivo (o cerca) y la salmonicultura ya en el siglo XXI. Todo ha sido una cuestión de visión y músculo dispuestos a realizar la tarea. Aunque cueste.

Sea como sea, uno no elige «no» crecer como Estado ni como persona. Crecer es una sumatoria de factores complejos y profundos, por eso resulta tan difícil.

A principios de febrero de este año, el ministro de Hacienda, Nicolás Grau, lanzó al aire una frase sorprendente. Palabras más, palabras menos, justificó el bajo crecimiento del país como una forma de evitar una escalada inflacionaria.

«Cuando uno tiene una inflación que está creciendo de la manera que estaba creciendo la inflación cuando nosotros partimos como gobierno, eso significa, para decirlo en términos muy simples, que tú estás obligado a crecer poco en los años que vienen», señaló el secretario de Estado.

Algunos nos quedamos patidifusos con la afirmación. ¿Es decir que Chile y, por supuesto, Magallanes, no creció durante el gobierno del presidente Gabriel Boric totalmente a propósito?

La frase es ofensiva no solo para quienes emprenden y se juegan el pellejo intentando nuevos negocios o alcanzar sus sueños, lo es también para ese pasado que mencionamos líneas más arriba. Es como bajarle el precio a las aventuras de película de José Nogueira, las familias Braun-Menéndez y los empresarios contemporáneos de nuestra región.

Puede parecer superfluo, pero significa menospreciar las capacidades de quienes sí quieren avanzar porque esto implica una mejor calidad de vida. Porque una cosa es estar en la oficina de estadísticas del gobierno y otra en la trinchera de una estancia, una embarcación pesquera, un pontón salmonero, una hostería, un carrito o un restaurante.

Y mientras los que soñamos nos involucramos con la piel, desde el gobierno de turno nos avisan que el país no crece debido a que, bueno, hay «factores» inflacionarios.

«La explicación que dio el Gobierno fue que, como la inflación era alta, estuvieron ‘obligados’ a crecer poco, un verdadero insulto para la ciudadanía», señaló el decano de Economía, Negocios y Gobierno de la USS y exsubsecretario de Hacienda, Alejandro Weber, a Emol. «El relato de normalización del gobierno es engañoso y refutado automáticamente por la evidencia», agregó.

Ahora que al parecer hemos dado vuelta la página del hidrógeno verde, el que, en la mirada apurada del gobierno saliente, iba a reemplazar a la salmonicultura, al petróleo y a todo proyecto minero en la región, al menos podemos volver a concentrarnos en aquello que sí nos entrega dólares y empleo en Magallanes. La pesca y la salmonicultura por unos USD 1000 millones anuales; el turismo otros USD 400 millones. Sin olvidarnos de los productos y de la cultura del campo (Magallanes exportó en 2025 USD 36 millones en productos agropecuarios) y derivados del gas y el petróleo (metanol por unos USD 340 millones).

En 2024 y 2025 el PIB de Magallanes alcanzó en promedio los USD 3000 millones. En lugar de limitar esta cifra habría que proyectar cuánto más podría levantar si aumentaran solo el turismo y la salmonicultura.

Alrededor de 28 000 personas trabajan en ambas actividades de manera directa e indirecta, dejando una masa salarial conjunta de más de USD 320 millones, según datos de mercado.

En unos días arriban nuevas autoridades; también es tiempo de nuevas miradas que inciten a la suerte.