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La realidad inesperada de un gobernante instalado [Por Miguel Sierpe Gallardo]

Resulta complicado determinar en qué momento un gobernante recién instalado logra captar la verdadera naturaleza de la situación en la que se encuentra. El proceso de comprensión es gradual y rara vez se produce desde el primer instante, incluso cuando se ha preparado una estrategia previa para iniciar el mandato. El gobierno de Kast es un claro ejemplo de ello: Aunque presentó un plan sustentado en apuestas que le prometían réditos políticos y reconocimiento público, la realidad pronto demostró que las circunstancias pueden cambiar inesperadamente.

Se instauró el concepto de “Gobierno de emergencia”, transmitiendo implícitamente que la administración anterior había fallado gravemente y justificando la necesidad de una gestión bajo ese prisma. Sin embargo, factores internacionales imprevisibles, como la evolución de la guerra en Oriente Medio, alteraron las expectativas iniciales. Esta guerra, apoyada inicialmente por varios seguidores del gobierno, desembocó en una auténtica emergencia, sumiendo al país en graves problemas económicos y en una crisis que crece en tiempo y dimensión, amenazando con alcanzar proporciones mundiales insospechadas.

La realidad, compleja y adversa, deja al país como damnificado, sin capacidad de intervención y con la esperanza de que mejore el escenario internacional, con actores que no salen de la sorpresa y demuestran que es difícil enfrentar algo para lo que no estaban preparados.

Lo que comenzó como una estrategia de “gobierno de emergencia” se ha convertido en una emergencia tangible y difícil de gestionar. Las incoherencias entre lo anunciado y lo que ocurre en la práctica son evidentes. Se han producido numerosos retrocesos: recortes presupuestarios del 3% en todos los ministerios, rectificados tras disculpas públicas; retirada y posterior reingreso de decretos; cambios en la decisión sobre auditoría externa; contradicciones en temas migratorios y sociales.

Durante la campaña se amenazó con la expulsión de migrantes ilegales, aún se espera por ello. Se prometió que no habría indultos, pero ahora se contempla esa posibilidad. Se aseguró que no se reducirían derechos sociales, pero se restringió la gratuidad universitaria. Se anunció que Chile no sería sede de los Juegos Olímpicos de la Juventud y a la semana se confirmó la organización del torneo. Se proclamó austeridad, pero se aumentaron los sueldos de los asesores. Estas contradicciones recuerdan a quienes compran guitarras y creen que se tocan solas, y aunque situaciones similares han sucedido en otras administraciones, los ciudadanos ya no demuestran tener paciencia y así lo exponen las encuestas.

En apenas dos meses, muchos colaboradores elegidos sin experiencia se ven sobrepasados, presagiando dificultades dentro del propio gobierno. Algunos ya dudan incluso de que el gabinete logre llegar a septiembre. No obstante, persiste la esperanza de que el pronóstico sea erróneo y la situación mejore. Para ello, sería necesario reducir el protagonismo de los violentos, ofensivos, descalificadores y arrogantes de todos los sectores, buscar acuerdos y establecer nexos con quienes desean lo mejor para el país, dejando de lado sectarismos y fanatismos, aunque ello implique apartar a muchos que están pegados al Presidente, pero son ellos los que evidentemente lo están empujando hacia una difícil situación sin retorno.

Yo reconozco que hay que tener voluntad y comprensión respecto a la violencia en el país, pero seamos honestos, la fiesta de los antisociales y delincuentes pareciera no haberse percatado que hay nuevas autoridades.

Por Miguel Sierpe Gallardo, columnista.