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El preocupante silencio del turismo sobre la compleja realidad de los pingüinos en Isla Magdalena

Isla Magdalena sigue siendo promocionada como una experiencia “única en el mundo”. Sin embargo, detrás de las imágenes de pingüinos magallánicos entre visitantes sonrientes, se esconde una realidad mucho más grave que ha sido denunciada desde la semana pasada en medios de comunicaciones regionales y nacionales. Una colonia reproductiva en colapso y una ausencia preocupante de respuestas institucionales y gremiales ante esta crisis ecológica que ya fue difundida ampliamente con datos duros y cifras más que alarmantes.

Según datos recogidos en terreno y citados por medios, la población de pingüinos de Magallanes en Isla Magdalena se ha desplomado en más de un 85% en la última década, pasando de cerca de 63.000 parejas reproductivas en los años 2000, a apenas unas 6.000 reconocidas por guardaparques de Conaf en años recientes. Pero más allá de los números, lo que impacta es la continuidad de promoción turística masiva basada en datos desactualizados y sin medidas de protección real.

Lo que debería ser protegido como un símbolo de biodiversidad y patrimonio natural se ha transformado, en la práctica, en una especie de “parque de contacto” con la fauna. Visitantes caminan senderos saturados y se acercan a apenas dos metros de las aves, muy por debajo de las distancias mínimas recomendadas para evitar el estrés y la alteración del comportamiento reproductivo de la especie. 

Lo paradójico es que esta crisis no es nueva, la desaparición total de la colonia del Seno Otway ya había pasado desapercibida años atrás, y hoy podría repetirse en Isla Magdalena si no se actúa con urgencia y responsabilidad.

Silencio de las autoridades y del sector turístico

Tras la denuncia, que alcanzó repercusión mediática en diversos medios, no ha habido una respuesta pública clara ni compromiso de acción por parte de autoridades locales, seremis, Sernatur Magallanes, gremios turísticos ni operadores turísticos más visibles. Tampoco se han conocido planes de manejo o estrategias de conservación que reconozcan la situación crítica y propongan cambios estructurales en la forma de gestionar la visita a la isla.

Peor aún, en medio de este escenario crítico, se ha continuado promoviendo la experiencia turística hacia Isla Magdalena, incluso incentivando viajes para observar pingüinos sin actualizar la información real sobre el dramático declive poblacional. Esto plantea una pregunta urgente: ¿Se trata de irresponsabilidad, falta de criterio y entendimiento ecológico, o simplemente desinterés por enfrentar problemas complejos cuando chocan con el negocio turístico tradicional?

¿Qué hacer hacia el futuro?

La situación en Isla Magdalena es una llamada de alerta sobre cómo se gestiona el patrimonio natural y cultural en territorios remotos y frágiles: Primero se debiera apuntar a actualizar información científica y monitoreo constante. Contar con censos actualizados de la colonia, con transparencia pública, para que las decisiones de gestión turística y de conservación se basen en evidencia y no en postales antiguas que alimentan un relato erróneo.

También hay que trabajar en redefinir el modelo turístico hacia la observación responsable. De esta manera, limitar el número de visitantes diarios, ampliar las distancias de observación, construir miradores elevados y restringir los accesos en épocas críticas de reproducción son medidas que ya han funcionado en otras reservas y que permiten equilibrar experiencia humana y bienestar animal.

Al mismo tiempo, seremías de Medio Ambiente y Turismo, Sernatur regional, Conaf, municipios y gremios turísticos tendrían que articular una respuesta común y sustentable, con un plan de manejo de largo plazo que coloque la conservación por encima de la promoción económica inmediata.

Es claro que se necesita promover entre operadores, guías y visitantes una cultura de respeto y cuidado hacia los ecosistemas, con protocolos que prioricen la salud de las especies y sus hábitats. La colonia de pingüinos de Isla Magdalena aún puede recuperarse si se actúa con decisión y con respeto por la ciencia y la naturaleza. Pero para eso debe dejar de venderse una postal idílica mientras se ignora un problema real. Al turismo responsable y a las autoridades (locales y nacionales) les corresponde asumir la defensa de este patrimonio antes de que sea demasiado tarde.

Redacción ZonaZero.cl