Skip links

Magallanes: Las promesas eternas de nuevos proyectos y el avance portuario que nunca llega

En Magallanes pareciera que el tiempo avanza en círculos. Cambian los nombres de los proyectos, se actualizan los discursos y se renuevan las autoridades, pero el desenlace es siempre el mismo: expectativas altas, anuncios rimbombantes y, finalmente, estancamiento. Hace más de 40 o 50 años fue el aluminio; en los años noventa y comienzos de los 2000, el metanol; hoy, el hidrógeno verde y el amoníaco. La historia se repite con una precisión inquietante.

Cada vez que surge una oportunidad de desarrollo de escala mayor, aparecen las trabas. Estudios que se alargan indefinidamente, permisos que no avanzan, conflictos políticos, tensiones ambientales mal gestionadas, descoordinación entre el nivel central y el regional. Siempre hay un “algo” que impide concretar lo prometido. Y mientras tanto, Magallanes sigue esperando.

No se trata de negar la necesidad de regulaciones, de estándares ambientales ni de diálogo con las comunidades. Eso es básico y necesario. El problema es que en Magallanes ese proceso parece transformarse en un mecanismo de inmovilismo crónico. No se decide, no se prioriza y, sobre todo, no se construye una hoja de ruta clara y realista para el desarrollo regional.

Hay una verdad incómoda que rara vez se pone sobre la mesa con claridad: sin desarrollo portuario no hay desarrollo posible para Magallanes. Ni para los proyectos que generan consenso ni para aquellos que generan resistencia. Sin puertos modernos, competitivos y con capacidad logística real, cualquier iniciativa industrial, energética o productiva está condenada a la fragilidad o al fracaso.

El hidrógeno verde y el amoníaco lo evidencian con crudeza. Se habla de inversiones millonarias, de liderazgo mundial, de transición energética, pero se evita enfrentar el cuello de botella principal: la infraestructura portuaria. Sin ella, todo queda en presentaciones, seminarios y promesas de largo plazo. Magallanes no puede exportar discursos; necesita exportar producción.

La sensación que queda, y que se repite generación tras generación, es que no se quiere decidir. No desde Santiago, que mira la región con distancia estratégica y muchas veces con desconocimiento práctico, ni desde el nivel local, donde la falta de liderazgo firme y de acuerdos transversales termina paralizando cualquier avance estructural.

Magallanes no puede seguir siendo la región de las oportunidades postergadas. No puede seguir viviendo de su potencial mientras otras zonas avanzan con menos ventajas naturales, pero con mayor decisión política. El debate no es si habrá desarrollo, sino cuándo y cómo. Y mientras no se asuma que el desarrollo portuario es la piedra angular de cualquier proyecto serio, la respuesta seguirá siendo la misma de siempre: nunca.

Porque sin puertos que satisfagan todas las necesidades actuales, no hay industria. Sin industria, no hay empleo de calidad. Y sin decisiones valientes, Magallanes seguirá atrapada en la promesa eterna de un desarrollo que siempre parece estar por venir, pero que nunca termina de llegar.

Equipo de Redacción ZonaZero.cl