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Cómo surgió la leyenda de la Ciudad de los Césares (Por Vieja Patagonia)

La historia de la Ciudad de los Césares comienza con la expedición de Sebastián Caboto, que salió de Sevilla en 1526 rumbo a las Molucas vía el Estrecho de Magallanes.

Como no pudo continuar al sur, Caboto exploró la zona del Río de la Plata. Uno de sus capitanes de confianza, Francisco César, se internó en el país junto a unos pocos compañeros para ir en busca de supuestas tierras ricas en oro y plata.

Según la leyenda, César y sus hombres encontraron lo que buscaban en una épica hazaña que duró 7 años. Sin embargo, esta versión es refutada, disminuyendo su periplo a sólo 2 meses y medio.

Sebastián Caboto.

Pero de lo que no había duda era que “Los Césares”, como se llamó a los soldados del capitán Francisco, habían descubierto algún pueblo de los Incas.

Ahora la otra parte de la historia. Año más tarde, más o menos en la época en que Pedro de Valdivia inició la conquista de Chile, comenzaron a correr los rumores de que había gente española perdida en las inmensidad de la Patagonia. ¿Quiénes eran esos españoles?

En enero de 1540 una flota de cuatro navíos españoles llegó al estrecho. Debido a los fuertes temporales, uno de ellos -la Capitana- naufragó la Primera Angostura con 150 hombres, quienes quedaron en tierra perdiéndose su rastro.

Sin embargo, se empezó a difundir la historia que se habían salvado y establecido en alguna parte de la Patagonia. Incluso se decía que a la orilla de una gran laguna habían formado una población, casándose con mujeres indígenas.

A esta población se le comenzó a llamar “La Ciudad de Los Césares”, traspasándose a los españoles perdidos los detalles y características de la leyenda de los Incas, alcanzando la supuesta urbe incluso ribetes fantásticos.

Tan poderosa llegó a ser la historia de “La Ciudad Encantada de la Patagonia” que se organizaron innumerables expediciones para ir en sus búsqueda, pero todas resultaron infructuosas.

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Por Vieja Patagonia

Alejandro Toro S.
Periodista
Director Editorial Vieja Patagonia