Fondema: Cuando Magallanes calla, Santiago avanza [Por Mauricio Vidal Guerra]
El debate por el descuento de más de $280 millones al Fondo de Desarrollo de Magallanes (Fondema) no es una discusión contable ni un simple tire y afloje administrativo. Es, en el fondo, una señal peligrosa: Cuando la región no defiende con unidad sus herramientas de autonomía, el nivel central termina imponiendo su criterio.
El Fondema no es un fondo cualquiera. Nace de los impuestos que pagan las empresas petroleras por la explotación de gas y petróleo en la Región de Magallanes. Es decir, no es una dádiva desde Santiago. Es un instrumento creado precisamente para compensar las desventajas estructurales de vivir y producir en el extremo austral del país. Tiene identidad territorial, destino productivo y un diseño legal que reconoce que esta región genera recursos propios.
Por eso, cuando se descuenta parte de esos fondos bajo criterios del presupuesto nacional, la discusión no es técnica: Es política. Es sobre autonomía. Es sobre quién decide cómo se administran los ingresos que nacen aquí.
El gobernador Jorge Flies ha advertido que el problema no es solo el monto, sino el precedente. Si hoy se interviene el Fondema, mañana podrían tocarse los recursos de la Zona Franca, la Ley de Casino o las patentes acuícolas. No es una exageración. Es la descripción de una frontera difusa entre lo regional y lo central que, si no se defiende, termina borrándose.
Lo verdaderamente triste, sin embargo, no es el recorte. Es la falta de unidad regional para enfrentarlo.
Cuando desde Santiago se aplican descuentos que afectan directamente la capacidad de inversión local, lo mínimo esperable sería un bloque transversal defendiendo la autonomía financiera de Magallanes. Pero no. Lo que vemos es cálculo político, conveniencias ideológicas y silencios oportunistas.
Algunos que se dicen representantes de los magallánicos prefieren mirar hacia La Moneda antes que hacia Punta Arenas, Puerto Natales o Porvenir. Otros, instalados en la oposición al gobernador, optan por relativizar el fondo del asunto con tal de no coincidir con él. Como si defender recursos regionales fuera un favor personal y no una obligación institucional.
Se escuchan golpes de mesa, voces altisonantes y discursos inflamados… Pero cuando se trata de pelear autonomía real, de enfrentar al centralismo con argumentos y firmeza, la épica desaparece. Es más cómodo polemizar sobre temas nacionales, internacionales, o repetir consignas partidarias que asumir el costo de defender competencias regionales frente al poder central.
Porque aquí no está en juego una disputa entre autoridades. Está en juego el principio de que los ingresos que se generan en el territorio deben tener un tratamiento diferenciado y respetuoso de su origen. Si permitimos que se diluyan en el presupuesto general sin una base jurídica sólida, abrimos la puerta a que cualquier instrumento regional quede sujeto a ajustes discrecionales.
La descentralización no se construye con discursos. Se construye defendiendo atribuciones concretas, fondos específicos y decisiones locales. Y eso exige madurez política.
Hoy el desafío no es respaldar a una persona. Es respaldar la idea de que Magallanes tiene derecho a administrar con mayor autonomía los recursos que genera. Si en eso no somos capaces de coincidir, entonces la descentralización seguirá siendo una palabra bonita en los programas, pero vacía en la práctica.
Cuando la región calla o se divide por conveniencia, Santiago avanza. Y después no sirve lamentarse.
Por Mauricio Vidal Guerra, periodista, director ZoanZero.cl
