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La nueva administración y el riesgo de gobernar desde un relato que tensiona la credibilidad

El gobierno de José Antonio Kast no enfrenta hoy su principal problema en la economía. Lo enfrenta en la credibilidad.

Porque lo que se ha instalado desde La Moneda en estas primeras semanas no es solo un diagnóstico complejo, sino un relato sobreactuado: El de un “Estado quebrado” que, en los hechos, ni siquiera el propio gobierno ha podido sostener.

La frase, impulsada inicialmente desde canales oficiales, terminó siendo desmentida por ministros que hablaron de una situación “deteriorada”, pero no de quiebra. Y ese no es un detalle semántico. Es un error político mayor.

Cuando un gobierno exagera su diagnóstico para justificar decisiones, corre un riesgo evidente, y que es que la realidad lo desmienta demasiado rápido.

El “bencinazo”: La primera gran prueba mal gestionada

La decisión de no amortiguar el alza de combustibles (la más fuerte en décadas) marcó el primer punto de quiebre real. No solo por el impacto económico directo en las familias, el transporte y las regiones. Sino porque dejó en evidencia que el relato previo tenía un objetivo, que era preparar el terreno para traspasar el costo a la ciudadanía.

El problema es que ese argumento tampoco resistió análisis técnico. Economistas han sido claros en que el Estado sí tenía margen de acción, y que existían alternativas para amortiguar el impacto. En simple: No era inevitable. Fue una decisión.

Caída en encuestas: El desgaste más rápido de lo esperado

El costo político fue inmediato. En menos de dos semanas, la aprobación presidencial cayó de forma significativa, mientras la desaprobación pasó a superar el respaldo. Un fenómeno poco habitual en el inicio de un gobierno. No es solo el efecto del alza de combustibles. Es la suma de factores: Decisiones impopulares, mensajes contradictorios y una sensación creciente de improvisación.

Regiones: El vacío que revela el problema de fondo

Pero hay un tema aún más estructural, y está lejos de Santiago. En regiones, especialmente en zonas extremas como Magallanes, la falta de autoridades designadas (seremis clave) evidencia un problema básico de instalación del gobierno. Sin equipos completos, no hay ejecución, y sin ejecución, no hay Estado. Y cuando ese vacío coincide con decisiones económicas sensibles, lo que queda no es solo molestia, es incertidumbre.

El diseño comunicacional del gobierno parece haber apostado más por instalar un escenario crítico para justificar medidas duras. El problema es que el relato se desordenó. Se exageró el diagnóstico, se contradijo internamente, y se corrigió sobre la marcha. Y cuando eso ocurre, la ciudadanía deja de creer.

Porque no es solo lo que se dice. Es la coherencia con que se sostiene.

Conclusión: Gobernar no es construir miedo

El gobierno de Kast enfrenta su primera gran prueba política. Y hasta ahora, lo que se observa no es una crisis económica fuera de control, sino una estrategia que optó por sobredimensionarla.

El resultado es claro. Desgaste anticipado, pérdida de confianza y un despliegue incompleto en regiones.

Porque gobernar no es instalar temor para justificar decisiones. Es administrar certezas. Y hoy, esas certezas todavía no están.

Redacción ZonaZero.cl