Expectativas iniciales y pérdida de confianza a la administración Kast [Por Miguel Sierpe Gallardo]
A pocos días de la llegada de José Kast al gobierno, a pesar de numerosas dudas, decidí otorgar cierto crédito a señales que sugerían un interés genuino por construir un gobierno de unidad nacional. Reconocí la importancia de las diferencias legítimas, pues estas enriquecen el debate democrático y resultan beneficiosas para la sociedad. Sin embargo, ni siquiera han transcurrido dos meses desde el inicio de su mandato y ya se percibe una ruptura en la confianza y la colaboración. No busco individualizar responsabilidades, ya que los hechos han sido tan notorios para la ciudadanía que resulta innecesario señalar culpables.
Tal como en los momentos más oscuros de la dictadura, han resurgido prácticas inquietantes en los servicios públicos: se elaboran listas de funcionarios no por sus competencias, sino por su supuesta inclinación política, bajo etiquetas como: “Bueno para trabajar pero zurdo”. Estas listas no buscan identificar inhabilidades o limitaciones técnicas, sino estigmatizar con el propósito de desvincular, relegar, ignorar o incluso amenazar a quienes son considerados ideológicamente contrarios. Aunque quizás estas prácticas hayan existido antes, ello no justifica su persistencia. No se trata de rumores infundados, sino de hechos constatados en departamentos del Ministerio de Obras Públicas tras la asunción de nuevas autoridades.
Otro ejemplo de este espíritu que prevalece entre quienes toman las decisiones es el episodio especialmente grave ocurrido en San Antonio, con la controvertida salida de la Directora Loreto Maturana del Hospital Claudio Vicuña. Luego de que la ex -ministra Jeannette Vega asumiera como subdirectora médica, tras ganar un concurso de ADP, luego de ello, surgió una crisis de confianza hacia Maturana. A los pocos días, el Servicio de Salud de Valparaíso exigió la desvinculación de Vega, argumentando “indicaciones políticas superiores”. Ante la negativa de Maturana a ceder ante presiones políticas, fue removida de su cargo por “pérdida de confianza”, una decisión carente de justificación técnica o ética según sus propias palabras. Esta situación generó rechazo entre los médicos, quienes defendieron que la gestión hospitalaria debe regirse por criterios técnicos y no partidistas, llegando incluso a que algunos se negaran a asumir la subrogancia en la dirección. Todo esto involucra directamente al Ministerio de Salud, liderado por la ministra May Chomaly Garib.
Frente a estos hechos, surgen legítimamente las dudas sobre quiénes están desatando una guerra despiadada contra los que piensan diferente. La pregunta emerge con claridad: ¿Quién ostenta realmente el poder en el actual gobierno y dónde quedó el llamado a la unidad? Es preocupante observar que personas con trayectoria y prestigio en el servicio público queden expuestas a situaciones bochornosas por el actuar de sectores radicalizados que promueven una “guerra total” contra quienes piensan diferente.
La discusión sobre los llamados cargos de confianza en el aparato estatal es fundamental para entender el delicado equilibrio entre la afinidad política y el profesionalismo en la gestión pública. No se cuestiona el hecho de que los puestos de legítima confianza deban ser ocupados por personas afines al gobierno de turno, ya que es legítimo y esperable que quienes lideran el país se rodeen de colaboradores que compartan su visión y objetivos. Sin embargo, esta práctica no puede provocar criterios de sectarismo en otros lugares de menor importancia en el aparato público, donde debiera considerarse principalmente el aporte y conocimiento de aquellos funcionarios. Donde debe existir claramente una frontera ética que distinga la lealtad política de la persecución ideológica.
Surge entonces la pregunta respecto a los ex funcionarios del gobierno anterior, algunos de los cuales han logrado permanecer en sus cargos a través de la opción de la Alta Dirección Pública. ¿Qué han debido comprometer para mantenerse allí? Porque no fue lo que sucedió con la ex ministra Vega, o deberán renunciar a sus convicciones políticas para conservar su empleo o adaptarse al nuevo contexto? Hay sobrevivientes, que antes del término del gobierno anterior, ya aparecían en conversaciones y gráficas con autoridades del gobierno actual, al igual que futuros candidatos que pululan sin ninguna dignidad, mostrándose al lado de autoridades, dirigentes políticos, sociales y deportivos, interesados en cualquier fotografía para ubicarse dentro de la coalición actual, donde buscarán ser candidatos en un nicho político al que han entrado por la ventana.
Miguel Sierpe Gallardo, columnista.
