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Hantavirus en Patagonia: El mismo ratón, distinta suerte [Por Juan Marcos Henríquez]

Alarma internacional ha generado un foco de contagio de hantavirus, tras detectarse un brote a bordo del crucero MV Hondius. El brote se propagó entre pasajeros y tripulantes, causando 3 muertes y 8 contagios. Si bien el caso se detectó cuando los turistas manifestaron síntomas en alta mar rumbo a Europa, la presencia de la variante de los Andes, propia de Chile y Argentina, permite concluir que el contagio se produjo previamente en la Patagonia. Aunque se sospecha que ocurrió en Ushuaia, el periodo de incubación del virus, de hasta 45 días, hace también probable que el contagio haya sido en otras zonas más septentrionales de la Patagonia, donde se han registrado brotes durante la temporada estival.

El hantavirus tiene como reservorio principal al ratón Oligoryzomys longicaudatus, conocido como ratón de cola larga o colilargo. Su distribución en Chile va desde Atacama hasta Magallanes y en Argentina desde Neuquén hasta Tierra del Fuego, principalmente en sectores rurales, bosques andino-patagónicos y zonas de matorrales adyacentes. Sin embargo, al sur del paralelo 51 no se han registrado casos de contagio, al menos desde que la enfermedad fue declarada de notificación obligatoria en 1996. Esta zona se considera región sin presencia de casos endémicos, a pesar de la presencia de la subespecie O. longicaudatus magellanicus. Ello podría deberse a que los individuos desde Campos de Hielo Sur a Tierra del Fuego no son portadores del virus, o bien a que la escasa presencia humana hace poco probable el contagio.

Desde el brote de 1995, Chile realiza un muestreo sistemático del ratón colilargo y se ha confirmado la presencia del virus en gran parte de las poblaciones, con estudios que combinan trabajo de campo, laboratorio y vigilancia epidemiológica. Con la información disponible, y aunque podría estar equivocado, no se han detectado individuos portadores del virus en Magallanes, salvo un punto no confirmado en Fuerte Bulnes. Los muestreos son siempre escasos y limitados, y no siempre resultan efectivos; por ejemplo, con fondos UMAG y a solicitud de los pobladores de Puerto Edén, confirmamos la presencia de dos poblaciones de colilargo en los alrededores del poblado, a pesar de que el monitoreo estatal lo descartaba. Existen pocos estudios sobre la distribución del ratón colilargo en Magallanes y Tierra del Fuego, y mientras no haya un brote endémico, nadie financia su investigación.

La variante Andes del virus se distingue de prácticamente todos los demás hantavirus del mundo porque puede transmitirse entre personas. Si bien el contacto con heces, orina o saliva del roedor sigue siendo la vía habitual de contagio, bajo ciertas condiciones de contacto estrecho una persona puede infectar a otra. No es un mecanismo frecuente, pero el confinamiento prolongado en espacios comunes ofrece las condiciones que lo hacen posible. El último caso documentado de contagio persona a persona en Chile ocurrió en 2019. En el crucero Hondius, la hipótesis más probable es que la pareja holandesa que inició el brote se contagió en tierra, en algún punto de su recorrido por la Patagonia chilena o argentina (donde hubo brotes esta temporada estival), y luego transmitió el virus a otros pasajeros en el espacio cerrado del barco. Una investigación más exhaustiva deberá aclarar ese punto.

El colilargo sigue contagiando igual que siempre: entra a los galpones en invierno buscando calor, deja sus rastros en la leña apilada, en los sacos de alimento o en los rincones oscuros de las cabañas que luego se abren después de meses cerradas. La exposición a espacios cerrados por tiempo prolongado ya sea al barrer el piso sin mojarlo primero, al respirar en un espacio sin ventilarlo antes o al limpiar sin guantes los lugares donde el ratón dejó rastro, puede ser una forma de contagio. En las regiones endémicas de contagio se han convertido en rutina cotidiana de prevención, pero que en Magallanes no asumimos como rutina, precisamente por la ausencia de contagios.

Chile atraviesa en 2026 una de sus temporadas más letales de los últimos años. Al 7 de mayo se registraban 39 casos y 13 muertos, con una letalidad del 33%, muy por encima del promedio histórico. Magallanes no aparece en esa lista de regiones afectadas, lo que refuerza la presunción de que nuestra subespecie quizás no es portadora del virus. Sin embargo, la ausencia de casos no es garantía de ausencia del virus en la fauna local, y confundir ambas cosas sería un error que otras regiones ya han pagado caro. Lo razonable no es generar una alarma innecesaria, pero sí asumir lo que ya sabemos: existe el hábitat, hay roedores colilargos en el continente, el archipiélago y Tierra del Fuego, y hay personas que trabajan en el campo y turistas que duermen en refugios en zonas rurales. Las condiciones están dadas. Lo que falta es más vigilancia, más investigación, más muestreo sistemático y más educación práctica para enfrentar el virus o descartarlo en Magallanes.

Por Juan Marcos Henríquez,  doctor en Ciencias Biológicas, columnista.