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El delicado sonido del alma (Por Claudio Andrade)

Las canciones más lindas de Justin Townes Earle son también las más tristes. Y no es un repertorio cualquiera, el suyo debe ser de los más altos, parejos en su calidad, brillantes y creativos que ha conocido en los últimos 20 o 30 años el mundo del country.

Aunque el músico de Nashville nunca podrá ser encorsetado solo dentro del country porque su música abarca también el blues y el rock.

Contaba alguna vez en una entrevista con Rolling Stones que le costaba mucho trabajo sacar a la luz sus canciones. Temas siempre complejos, pero revisados de un modo tan singular que cualquiera puede acercarse y sumergirse en su mundo.

Alguien dijo por ahí que Townes Earle escribió la canción suicida más alegre que se haya escuchado jamás. Se trataba de Harlem River Blues.

Podría decirse que Justin pertenece a la realeza del country puesto que es hijo de Steve Earle y fue bautizado así por otra leyenda: Townes Van Zandt, amigo de su padre.

Townes Earle tuvo una infancia difícil. Su padre los dejó a él y a su madre cuando tenía 2 años. Después el chico se convirtió rápidamente en un joven compositor que llamó poderosamente la atención del mundo musical. A los 12 años comenzó a consumir drogas las que finalmente iba a acabar con su vida. Su vínculo con su madre también resultó conflictivo y en ese tren Justin le dedicó una canción hermosa y terrible como “Look the other way”.

Pero en el medio hubo mucha música y un reencuentro con su padre. Justin vivió dos o tres vidas en una.

Como cosa del destino la estrella del country Jason Isbell le dedicó tiempo atrás el tema “When We Were Close” que refleja toda su gloria y su drama.

Un homenaje a la medida de Justin, intenso y brutal.