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¿Cuáles son las prioridades de nuestras autoridades? [Por Miguel Sierpe Gallardo]

En medio de los constantes desencuentros políticos que se observan tanto en nuestra región como en el país, resulta necesario preguntarse cuáles son realmente las prioridades de nuestras autoridades. Esta inquietud involucra a quienes ejercen responsabilidades parlamentarias, comunales, regionales y nacionales. Si viviéramos en una democracia más seria, colaborativa y orientada al bien común, probablemente esta pregunta no sería necesaria. La respuesta parecería evidente: todas las autoridades deberían trabajar tras metas compartidas, más allá de sus legítimas diferencias políticas o ideológicas.

Sin embargo, lo que se percibe hoy es una relación agresiva, distante, desconsiderada y carente de empatía entre distintos actores del escenario regional y nacional. Con demasiada frecuencia parece no importar lo que piensan, proponen o anhelan los demás. Con esa actitud, cada autoridad avanza por su propio camino hasta terminar su periodo de gestión, sin asumir la necesidad de construir acuerdos regionales que beneficien efectivamente a la comunidad. La región requiere objetivos comunes que puedan transformarse en un verdadero esfuerzo colectivo.

Los logros más importantes de cualquier administración suelen alcanzarse con la colaboración de diversos sectores. En Chile, muchos de los avances conseguidos después de la recuperación de la democracia no fueron obra exclusiva de un solo bloque político. También contaron con el aporte de la oposición a esos gobiernos. Más allá de cualquier consideración política, ese periodo suele ser recordado como una etapa de importante crecimiento económico y de avances significativos en el ámbito social.

No quisiera que quienes lean estas líneas piensen que uno vive de los recuerdos. Sin embargo, no puedo desconocer que, en otros tiempos, la convivencia política entre quienes pensábamos distinto no alcanzaba los actuales niveles de descalificación ni de desprestigio hacia los adversarios. Por cierto, no todo era “miel sobre hojuelas”. Aun así, las comunicaciones eran más amables, colaborativas y consideradas. Ese es, al menos, el recuerdo que conservo de la relación entre parlamentarios, alcaldes, intendentes y otras autoridades.

Siempre debemos mantener una cuota de fe en que las relaciones, hoy tan distanciadas entre autoridades de distintos sectores, puedan mejorar. Esta reflexión no apunta a un solo signo político ni a un periodo específico; se refiere de manera transversal a autoridades de distintas tendencias y épocas. Ejemplos hay muchos. Incluso resulta curioso que algunas autoridades actuales provengan de aquellos tiempos en que existía una relación política más cercana, más dialogante y bastante distinta a la que hoy se exhibe.

Por el contrario, hoy vemos, ataques directos entre nuestros propios representantes y no son hechos en forma reservada, por el contrario en estos tiempos vemos estos desagradables episodios, publicitados por diversos medios de comunicación regional y las redes sociales, en lo que parece ser una guerra sin cuartel.

Miguel Sierpe Gallardo, columnista.