El largo y necesario camino hacia el Polideportivo de Punta Arenas en ¿2030?
Hacer deporte en Punta Arenas nunca ha sido una simple cuestión de ponerse zapatillas y salir a correr. Quien vive aquí sabe lo que significa enfrentar las rachas de viento que cortan la respiración, la escarcha traicionera en las veredas o los temporales que, obligatoriamente, confinan a familias enteras dentro de cuatro paredes. Las condiciones climáticas extremas de nuestra región no son una excusa, son una realidad cotidiana. Por eso, el deporte, la cultura y el encuentro social en Magallanes generalmente se viven puertas adentro. O al menos, así debería ser.
Mientras comunas vecinas como Puerto Natales, o múltiples ciudades del norte del país, gozan desde hace años de espacios techados de alto estándar para su comunidad, Punta Arenas ha arrastrado una deuda histórica. ¿Cómo le pedimos a nuestros jóvenes que entrenen, a nuestros adultos mayores que se mantengan activos, o a los artistas locales que congreguen a la ciudadanía si la infraestructura pública sigue quedando chica?
Hoy, esa brecha histórica está dando por fin un paso crucial hacia su cierre. El diseño del futuro Polideportivo de Punta Arenas obtuvo la visación técnica oficial del Instituto Nacional de Deportes (IND). Esto no es un mero trámite de oficina, ya que significa que el organismo estatal acreditó que los planos arquitectónicos, las dimensiones y el emplazamiento cumplen con los exigentes estándares nacionales.
Con este “ok” técnico en el bolsillo, el Municipio (liderado por el alcalde Claudio Radonich y respaldado por el Concejo) queda a solo semanas de recibir la Recomendación Satisfactoria (RS) del Ministerio de Desarrollo Social (Mideso). Un paso indispensable antes de ir a buscar los miles de millones de pesos necesarios para su financiamiento y ejecución.
El proyecto es ambicioso y se emplazará en un sector con profunda vocación deportiva, integrándose al polígono del Estadio Fiscal, el Gimnasio Fiscal y la piscina, un terreno que las autoridades comparan con el funcionamiento del Estadio Nacional en Santiago. El coliseo central proyecta un aforo de 5.000 espectadores simultáneos, dotado de graderías y sistemas de evacuación de última generación. Un espacio donde no solo se formarán los deportistas del mañana, sino donde también se podrán albergar masivos conciertos, ferias y eventos culturales bajo un techo seguro y calefaccionado.
Sin embargo, tras la euforia de los anuncios técnicos, viene la dosis de cruda realidad. Levantar una megaestructura de esta envergadura en la zona más austral de Chile requiere tiempo, paciencia y rigurosidad. Una obra de este calibre, que debe pasar por licitaciones públicas, la adjudicación de fondos regionales o sectoriales, y extensos periodos de construcción desafiando los inviernos magallánicos, no verá la luz de la noche a la mañana.
Fuentes ligadas al desarrollo de obras de gran envergadura estiman que, siendo realistas y optimistas con los plazos presupuestarios, el Polideportivo de Punta Arenas podría estar completamente terminado y operativo cerca del año 2030. ¿Es mucho tiempo? Para una comunidad que lleva décadas esperando, cuatro o cinco años más pueden parecer una eternidad. Pero la construcción del tejido social y de la infraestructura que define el futuro de una ciudad no se mide en meses. Lo importante es que las bases ya están firmadas.
La necesidad de un polideportivo en Punta Arenas no es un lujo ni un capricho político. Es una urgencia de salud pública, de salud mental y de dignidad comunitaria. Saber que hacia el final de esta década la capital regional contará por fin con un coliseo a la altura de su gente nos obliga a vigilar con atención cada paso que viene. El cronómetro hacia el 2030 ya empezó a correr.
Redacción ZonaZero.cl
