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La crisis demográfica en Chile y sus efectos en el desarrollo económico

La tasa de fertilidad total (TFT) de Chile ha experimentado un colapso histórico. De alrededor de 1.6 hijos por mujer hace una década, ha caído a aproximadamente 1.0-1.1 en 2024-2025, según datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) y el Banco Mundial, muy por debajo del nivel de reemplazo de 2.1.

Los nacimientos han disminuido un 29-42% en los últimos diez años, situando a Chile como el país con la natalidad más baja de América.

Este descenso demográfico no es solo un fenómeno social; representa un desafío estructural para el crecimiento económico. La ventana del “dividendo demográfico” —caracterizada por una alta proporción de población en edad laboral (actualmente alrededor del 69%) y una baja dependencia (ratio total ~45 por cada 100 personas en edad de trabajar)— se está cerrando rápidamente.

Presión sobre el mercado laboral y el crecimiento del PIB

Con una población en edad laboral que crecerá solo un 0.15% anual entre 2025 y 2050 (proyecciones ONU e IMF), Chile enfrentará escasez de mano de obra. El envejecimiento reducirá la oferta de trabajadores, limitando la expansión de la capacidad productiva. Estudios globales, como los de McKinsey y OECD, indican que en economías con transiciones demográficas similares, el crecimiento del PIB per cápita podría ralentizarse entre 0.4 y 0.8 puntos porcentuales anuales hacia 2050 si no se compensa con fuertes aumentos de productividad.

En Chile, donde la productividad ya es ~50% inferior al promedio OCDE, este “drag demográfico” agravará el estancamiento relativo. Sectores clave como minería, agricultura, servicios y las nuevas industrias de litio e hidrógeno requerirán más trabajadores calificados, pero cohortes más pequeñas entrarán al mercado. El aumento de la participación laboral femenina (actualmente ~16 puntos por debajo de los hombres) y la inmigración calificada podrían mitigar parcialmente el impacto, pero no revertirlo por completo.

Sostenibilidad de las pensiones y finanzas públicas

El sistema de pensiones chileno, basado en capitalización individual con pilar solidario, ya muestra tasas de reemplazo bajas (alrededor del 30-40% en proyecciones para cohortes futuras, por debajo del promedio OCDE). Con el ratio de trabajadores por jubilado cayendo drásticamente —de niveles históricamente favorables a cerca de 2:1 o menos hacia 2050—, la presión fiscal se intensificará.

Proyecciones indican que para 2050, una de cada cuatro personas tendrá más de 65 años. El ratio de dependencia de vejez (personas de 65+ por cada 100 en edad laboral) subirá significativamente desde ~20 actual. Esto elevará el gasto en pensiones, salud y cuidados de larga duración, potencialmente requiriendo mayores contribuciones, edad de jubilación más alta o ajustes fiscales. Sin reformas (como mayor ahorro previsional, productividad o inmigración selectiva), los déficits podrían comprometer la sostenibilidad fiscal y desplazar inversión productiva.

Caso Magallanes

La Región de Magallanes y de la Antártica Chilena registra una de las tasas globales de fecundidad (TGF) más bajas del país. En 2024 alcanzó solo 0,93 hijos por mujer, por debajo del promedio nacional de 1,03 y muy lejos del nivel de reemplazo de 2,1. Los nacimientos cayeron a alrededor de 760 en 2024, frente a poco más de 800 en 2023, con una tasa bruta de natalidad de aproximadamente 6,8 por cada 1.000 habitantes.

Con una población cercana a los 166.500 habitantes (Censo 2024), esta tendencia acelera el envejecimiento demográfico. Magallanes ya registra más defunciones que nacimientos, cerrando prematuramente su ventana de dividendo demográfico. La proporción de población en edad laboral se contraerá, mientras el ratio de dependencia de vejez aumentará con fuerza.