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Hoja de ruta: Las Bases 2030 de Zona Franca y el Modelo Uruguay [Segunda Parte]

La constatación de que la Zona Franca de Punta Arenas opera hoy más como un centro comercial de retail que como una verdadera palanca de desarrollo económico regional (mientras Uruguay convierte sus zonas francas en un motor multimodal que aporta el 6,6% a su PIB nacional) encendió las alarmas en Magallanes. Sin embargo, el contundente informe del Observatorio de Ciencias Públicas y Políticas de la Fundación Prisma Austral no solo vino a derribar mitos y evidenciar la opacidad del actual sistema regional. También puso sobre la mesa un diseño quirúrgico, una verdadera hoja de ruta para salir del estancamiento y capturar la riqueza geopolítica del Estrecho antes de que termine este trascendental 2026.

La gran revelación del análisis técnico es que Magallanes no necesita un cambio legislativo profundo o traumático para replicar el éxito de Montevideo o Nueva Palmira. El marco legal chileno ya existe: el DFL N°2/2001 del Ministerio de Hacienda contiene las herramientas e instrumentos habilitantes (específicamente en sus Artículos 5, 8 y 9) perfectamente compatibles con el ecosistema uruguayo.

Lo único que ha faltado en las últimas décadas es la audacia y la voluntad política para desplegarlos.
Con la crucial licitación de las “Bases 2030” a la vuelta de la esquina, el informe traza un plan de vuelo inmediato dividido en cuatro componentes clave para transitar hacia una franquicia descentralizada, eficiente y, por sobre todo, con retorno social directo.

  1. El Puerto Franco Energético: El Estrecho como la gran estación de servicio del Cono Sur
    Uruguay estructuró su zona de Nueva Palmira para capturar los flujos de la Hidrovía Paraná-Paraguay. Magallanes tiene algo infinitamente superior: el Estrecho de Magallanes. El primer paso de la hoja de ruta es la creación de un Puerto Franco Energético orientado al bunkering (abastecimiento de combustible) para superpetroleros y flotas mercantes internacionales. Este polo logístico permitiría, además, prestar servicios directos al megacampo petrolero argentino Vaca Muerta y subirse a la ola del desarrollo offshore del proyecto Sea Lion, cuyos contratos logísticos clave se definen precisamente en este segundo semestre de 2026.
  2. Zona Franca Industrial Ancla: Romper el cuello de botella del salmón
    La industria salmonera de Magallanes ya exporta USD 597 millones, pero el informe de Prisma Austral revela un dato preocupante: opera con un 62,3% de capacidad ociosa debido a la falta de infraestructura de frío y conectividad marítima. El segundo pilar propone usar la franquicia aduanera para establecer una Zona Franca Industrial dedicada a plantas de procesamiento avanzado. Al eximir de impuestos los insumos de capital e infraestructura de congelado y logística pesquera, se dinamizaría el sector, permitiendo procesar el producto localmente en vez de enviarlo crudo a otras regiones o países, generando empleo altamente calificado y valor agregado regional.
  3. Red de Recintos Francos Remotos: Integración territorial real
    El modelo uruguayo descentralizó su régimen en 12 zonas activas a lo largo de 8 departamentos para que el beneficio no se quedara solo en la capital. En Magallanes, la hoja de ruta exige romper el monopolio de Punta Arenas mediante el despliegue de Recintos Francos Remotos en nodos estratégicos:
    Puerto Natales: Orientado a servicios logísticos turísticos de estándar mundial y soporte de última milla.
    Cabo Negro: Como el epicentro industrial y de la naciente reconversión energética.
    Puerto Williams: Un enclave fronterizo crítico que requiere urgentemente incentivos logísticos para el poblamiento y la soberanía efectiva.
  4. Hub Franco de Servicios Marítimos y Antárticos: La tecnología y la ciencia al servicio del mundo
    Siguiendo los pasos de Zonamerica en Montevideo —que alberga a colosos tecnológicos y de servicios globales como Google o PwC—, Magallanes tiene la llave de entrada a la Antártica. El cuarto paso de la estrategia consiste en estructurar un hub aduanero especial que facilite la importación de tecnología científica, repuestos de naves polares, equipamiento de telecomunicaciones y laboratorios. Esto transformaría a la región en el soporte científico y logístico indiscutido de las decenas de países que viajan al continente blanco, capturando un flujo económico que hoy prefiere operar desde puertos extranjeros.

El retorno social: La meta del “7 por 1”
El indicador más preocupante del actual modelo magallánico es su nulo retorno ciudadano verificable (USD 0), donde el beneficio fiscal del IVA eximido es absorbido por la burocracia y las altas tarifas del concesionario del mall.

La meta que impone esta nueva hoja de ruta es emular el estándar de eficiencia uruguayo, y así lograr que por cada dólar que el Estado chileno deje de recaudar en Magallanes por concepto de exenciones, el ecosistema le devuelva a la comunidad local al menos 7 dólares traducidos en empleos estables de alta calificación, encadenamiento productivo con pymes regionales e inversión en infraestructura pública.

La pelota en la cancha del Gobierno Regional
A diferencia de Uruguay, que edificó su red de zonas francas a lo largo de tres décadas de paciencia institucional, Magallanes no tiene el beneficio del tiempo. Las ventanas de oportunidad geopolítica (el desvío de rutas marítimas globales, la presión por la logística antártica y los contratos de Sea Lion) están convergiendo de manera simultánea este año.

Las cartas y los antecedentes técnicos ya están sobre la mesa. La redacción de las “Bases 2030” por parte del Gobierno Regional de Magallanes será la prueba de fuego definitiva. O se perpetúa un modelo de retail obsoleto que beneficia a unos pocos, o por ejemplo, se adopta con audacia el espejo de Montevideo para transformar la región en un polo industrial y logístico de relevancia global. El siglo XXI ya llegó al Estrecho… Queda ver si las autoridades locales decidirán subir a Magallanes a bordo.

Equipo de Investigación ZonaZero.cl