Skip links

Magallanes hacia la transición energética [Por Juan Marcos Henríquez]

Magallanes sigue postergando una decisión importante para su desarrollo relacionada con la posibilidad de transformarse en una potencia energética. La alternativa, aunque las autoridades no quieran entenderlo, no pasa por apostar todo o nada a una sola tecnología. Necesitamos usar nuestro viento y nuestro gas, sin prejuicios y sin ideologismos que nos puedan dejar fuera de competencia antes de tiempo.

Llevan años repitiéndonos que el hidrógeno verde será la nueva gran revolución económica de la región, como lo fue la ganadería y el petróleo. La apuesta se basa en que Magallanes tiene mejores vientos, fuertes y constantes, en términos comparativos con otras partes del mundo. Eso ofrece gran rentabilidad a quienes quieran invertir en energía eólica, necesaria para producir hidrógeno verde. Sin embargo, hoy, ese mercado está en serios problemas, ya que grandes empresas como BP o Shell ya frenaron sus proyectos, ya que producir hidrógeno verde sigue siendo demasiado caro por el momento y los compradores (sin incentivos) no están dispuestos a pagar ese sobreprecio. La falta de mercado ha puesto en el congelador, por un tiempo aún no definido, iniciativas que parecían concretas hace apenas unos años. Seguir apostando todo a esa sola carta, en estas condiciones, es un lujo que Magallanes no puede darse, pero algunos aún no lo entienden.

En este contexto, es bueno recordar que tenemos un gran recurso energético que hemos ido relegando sin mayor cuestionamiento. El yacimiento de Lago Mercedes, en Tierra del Fuego, sigue siendo una alternativa energética pese a las dificultades tecnológicas. En su momento fue presentado como la gran solución al abastecimiento energético de la región, pero al poco tiempo quedó postergado. Las razones eran concretas porque extraer gas a cuatro mil metros de profundidad presentaba dificultades técnicas y construir los gasoductos necesarios para llevar el recurso hasta una refinería era demasiado costoso. Sin embargo, dos décadas después las tecnologías han avanzado de manera significativa, permitiendo solucionar hoy lo que antes era una limitante. Lo que entonces era inviable hoy es perfectamente posible. Si la región decide construir una industria del hidrógeno, la infraestructura que eso requiere para las variedades verde y azul es perfectamente posible en la región y de repente Lago Mercedes vuelve a tener todo el sentido estratégico y económico.

Con gas se puede producir hidrógeno azul, que es hidrógeno fabricado con gas natural, pero capturando el CO2 para evitar la contaminación y sus efectos sobre el cambio climático. No es la solución ideal a largo plazo, pero es una solución concreta, disponible ahora y no en veinte años, dándonos alternativas y complementos en este periodo de transición energética. Hay países que ya tomaron este camino y no esperaron a que todo fuera 100% verde para empezar a posicionarse en un mercado incipiente y aún incierto. Arabia Saudita es el ejemplo más claro de esa estrategia, pero no el único. Varias naciones entendieron que la transición energética es un proceso y no algo instantáneo, ya que puede durar décadas, y que quien llegue primero al mercado con una inversión viable y concreta tendrá ventaja por sobre quien espere tener una solución perfecta en términos ambientales.

Si Magallanes solo apuesta por el hidrógeno verde, cuando por fin esté lista esta industria otros ya habrán firmado los primeros contratos a partir de hidrógeno azul, con infraestructura instalada y acaparando las preferencias de los compradores.

Que el gas pueda servir de puente durante el periodo de transición energética no es un retroceso ni un atentado el cambio climático. Es exactamente al revés, es usar lo que tenemos para financiar el salto hacia una energía más ecológica y sana, y de paso generar empleos bien remunerados para dar certeza a las familias que viven en nuestra región. Esto, mientras el mundo intenta resolver sin consensos ni certezas sus problemas energéticos y ecológicos.

La reconversión energética no puede ser solo una promesa en un escenario aún incierto. La gente de Magallanes necesita resultados y bienestar ahora.

Hay algo más que no debería obviarse en el debate. Antes de exportarle energía al mundo, Magallanes tiene que beneficiar primero a su población. Chile gasta una fortuna comprando gas, petróleo y diésel afuera, lo que nos deja expuestos a los vaivenes de economías lejanas y conflictos ajenos. Es difícil explicarle a los y las magallánicas por qué queremos salvar el planeta vendiendo hidrógeno verde al exterior mientras nuestros vehículos siguen usando petróleo caro e importado, o porque la industria local sigue dependiendo de energía cara. La transición tiene que traducirse en algo concreto para la gente de la región, no solo en titulares y anuncios que no llegan a los bolsillos de las familias. ¿Por qué producir hidrogeno verde a gran escala para exportar si las casas seguirán usando y pagando electricidad generada con gas caro?

El consumo de energía inevitablemente va a seguir aumentando en los próximos años y Magallanes debiese jugar un papel relevante en ese contexto; sin embargo, ello sólo ocurrirá si hoy tomamos buenas decisiones. Ello implica que no se trata de elegir entre el viento o el gas, o entre el hidrógeno verde o el azul. Se trata de usar todo nuestro potencial con inteligencia y pragmatismo, sin dejarnos influenciar por debates, circunstancias y problemas de otros.

El viento está. El gas está en Tierra del Fuego. La tecnología para aprovechar ambos recursos también existe. Lo que falta es voluntad, claridad y estrategia política sin sesgos, decisión e inversión Estatal y empresarial, y un plan de desarrollo que los combine, siempre pensando primero en el bienestar de la gente que habita nuestra región.

Por Juan Marcos Henríquez, doctor en Ciencias Biológicas, columnista.