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Disonancia hospitalaria: Optimismo oficialista versus aviso de colapso en la salud de Magallanes

Hay discursos que se sostienen en el papel, pero que se desmoronan apenas cruzan la puerta de un hospital público. El reciente anuncio de la delegada presidencial de Magallanes, Ericka Farías, se podría entender de la misma manera. Tras una reunión con el Servicio y la Seremi de Salud, la autoridad aseguró que el recorte presupuestario que hoy golpea a la región «no afectará la atención de salud de los magallánicos».

La frase, que busca transmitir una calma artificial, choca de frente con la lógica más elemental y con la desesperación de quienes sostienen el sistema día a día. Desde Santiago se digitan números y se envían minutas con un optimismo ideológico que resulta incomprensible a nivel local. La tesis oficialista afirma que se pueden «optimizar recursos sin afectar las prestaciones». Sin embargo, quienes conocen el sector, quienes trabajan en los pabellones, en las urgencias y en los consultorios, saben perfectamente que la matemática de la salud pública no funciona así.

Menos recursos significa, de forma inevitable, menos insumos, menos personal y, por consiguiente, un aumento brutal en las ya eternas listas de espera.

Pese a que el discurso oficial intenta minimizar el impacto argumentando que el recorte regional es menor que en otras zonas del país, todos los gremios de la salud se encuentran en estado de alerta máxima. El Colegio Médico y los sindicatos del sector no ocultan su profunda preocupación. No se trata de un temor infundado, se trata de experiencia empírica. En los años anteriores, incluso con presupuestos “completos”, los recursos fiscales no lograban cubrir las necesidades de todo el año calendario, obligando a los recintos a operar al límite o a requerir inyecciones de emergencia sobre la marcha. Pensar que con un recorte ya ejecutado la situación va a mejorar o mantenerse igual es, sencillamente, no entender en profundidad cómo funciona el sistema.

Pero la normalidad en Magallanes ya era precaria. La distancia geográfica encarece los traslados, la retención de especialistas es una lucha constante y la infraestructura sufre un desgaste acelerado. Quitarle dinero a esa ecuación y prometer que nada va a cambiar es un ejercicio que pareciera más de voluntarismo.

La brecha insalvable entre el discurso y el hospital
Al final del día, quedan dos realidades paralelas en la región:
El abismo entre las oficinas donde se planifica el presupuesto central y la realidad de los pasillos hospitalarios evidencia una desconexión dramática, enfrentando dos realidades paralelas que parecen no cruzarse jamás: por un lado, el discurso oficial emanado desde Santiago y la delegación regional asegura que los ajustes presupuestarios han sido diseñados “con responsabilidad” bajo la premisa teórica de lograr una “optimización de recursos sin tocar las prestaciones”, prometiendo una “continuidad absoluta y normalidad en la red asistencial”; por el otro, la salud real denunciada por los gremios, el Colegio Médico y los trabajadores de la base expone que este es un “recorte real y que desfinancia la operación anual”, advirtiendo un “aumento inminente de las listas de espera por falta de insumos” junto a “falencias estructurales agravadas y turnos sobrecargados” que terminan por desmoronar el voluntarismo del relato institucional.

Para los trabajadores de la salud y para los pacientes que madrugan por una hora médica, la posición de las autoridades es simplemente incomprensible. Una cosa es la lealtad al relato del Gobierno del Presidente José Antonio Kast y la bajada ideológica que llega desde la capital; otra cosa es el termómetro real de los pasillos hospitalarios.

La delegada asegura que los recortes se hacen con responsabilidad, pero en Magallanes, la única certeza que tienen los gremios es que la salud pública volverá a pagar el costo de la tijera fiscal. Mientras el discurso oficial insista en negar lo evidente, la brecha entre la política y los ciudadanos se seguirá ensanchando.

Y para muchos, sencillamente, no se entiende.

Redacción ZonaZero.cl