La crisis en el Estrecho de Ormuz: cómo impacta en la economía chilena
La crisis en el Estrecho de Ormuz, provocada por la escalada del conflicto en Medio Oriente, está generando un fuerte impacto en la economía chilena. Lo que inicialmente se visualizaba como un shock temporal se ha convertido en un riesgo persistente que obliga a revisar a la baja las proyecciones de crecimiento para 2026.
Según un artículo de Emol, los principales bancos de inversión —JPMorgan, Santander y BTG Pactual— han recortado sus expectativas. JPMorgan fue el más pesimista, bajando su proyección de PIB a solo 1,6% para este año. BTG Pactual lo situó en 1,7%, mientras que Santander advirtió que superar el 2% se vuelve cada vez más difícil.
El primer trimestre ya entregó una señal clara de debilidad: el PIB chileno se contrajo un 0,5% respecto al mismo período del año anterior, el peor inicio desde la crisis financiera de 2009. Esta caída se concentró principalmente en sectores de oferta y comercio exterior, mientras que el consumo interno aún resistía. Sin embargo, los analistas coinciden en que estos datos corresponden en gran medida a un período previo al bloqueo efectivo de Ormuz y al consecuente alza sostenida del petróleo por encima de los US$100 por barril.
El “efecto Ormuz” se manifiesta principalmente a través de los precios de los combustibles. El encarecimiento de la gasolina y el diésel ya está presionando la inflación, que según JPMorgan podría acercarse al 4,9% hacia junio. Este aumento erosiona el poder adquisitivo de los hogares y amenaza con debilitar el consumo privado, uno de los pocos soportes que mantenía la economía.
Los expertos advierten que lo peor podría estar aún por venir. Los efectos de segunda ronda —como el alza en costos logísticos, transporte de carga, alimentos procesados y tarifas de servicios— suelen manifestarse con un rezago de dos a cuatro meses. Economistas como Pablo Müller-Ferrés (U. Autónoma) y Carlos Smith (CIES-UDD) señalan que estos impactos secundarios aún no se han traspasado completamente a la economía real.
Además, la incertidumbre internacional afecta la inversión y genera un escenario más restrictivo para la política monetaria. El Banco Central podría mantener una postura más cautelosa, retrasando eventuales bajas de tasas.
