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Preocupantes datos sobre la alimentación en el trabajo en la Argentina: más del 60% se saltea comidas por motivos económicos

Casi uno de cada cuatro trabajadores asalariados en Argentina no come durante su jornada laboral. La cifra, lejos de ser un dato menor, revela una problemática profunda que el informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina (UCA) junto a Edenred expone con crudeza: la alimentación en el trabajo no es una práctica universal ni mucho menos igualitaria.

El estudio, realizado sobre una muestra nacional de 1.171 asalariados, muestra un escenario estratificado donde la geografía, el sector laboral, el tamaño de la empresa y el nivel de ingresos determinan no solo si se come, sino cómo, con quién y con qué calidad. En el NEA, la mitad de los trabajadores declara no alimentarse en su horario laboral, mientras que en el AMBA la cifra desciende al 16,4%.

Pero el dato más alarmante es la vulnerabilidad alimentaria: el 83,5% de los asalariados sufre algún tipo de privación. El 61,1% se saltea comidas por motivos económicos —porcentaje que asciende al 70,7% entre los jóvenes de 18 a 29 años— y el 78,5% opta por alimentos menos nutritivos debido a restricciones presupuestarias. Aún más grave: el 56,2% padece ambas carencias simultáneamente. Solo el 16,5% de la fuerza laboral está libre de estas privaciones.

Las condiciones del entorno laboral resultan determinantes. Quienes no disponen de infraestructura básica —heladera, microondas o comedor— presentan tasas de salteo de comidas del 72%, frente al 54,1% de quienes tienen acceso a un comedor. Recibir un aporte del empleador reduce la privación al 49,7%, mientras que entre quienes no reciben ningún beneficio asciende al 61,4%.

La desigualdad también se expresa en quién recibe ayuda: los beneficios son regresivos. El 58,3% de los trabajadores de mayores ingresos cuenta con aportes del empleador, proporción que cae al 39,8% entre los de menores ingresos. En el sector privado, la cobertura alcanza al 49,6%, mientras que en el público apenas llega al 32,2%.

Las consecuencias para la salud son evidentes. El 23,1% de los asalariados presenta obesidad, porcentaje que asciende al 35,8% entre quienes no pueden tomar una pausa para comer y al 31,5% entre quienes califican su dieta como poco saludable. La percepción subjetiva confirma el problema: el 36,3% reconoce que su alimentación es poco saludable.

Pese a este panorama, existe una demanda contundente: el 80,4% de los trabajadores desea recibir una contribución de su empleador para la alimentación. Entre quienes sufren doble privación, el apoyo alcanza el 91,5%. Seis de cada diez consideran que mejoraría su salud, especialmente mujeres, jóvenes y empleados del sector público.

Alimentación y comensalidad de los trabajadores asalariados en la Argentina