La evidente paradoja que limita al turismo [Por Mauricio Vidal Guerra]
Muchas veces se hace difícil de entender, sobretodo para la ciudadanía y sectores turísticos empresariales, las decisiones que se toman respecto a cómo afrontar el presente y el futuro de una de las actividades más emblemáticas para Magallanes de los últimos años. La reciente oficialización del plan de manejo del Parque Nacional Kawésqar por parte de la CONAF vuelve a instalar un debate clave en la región: El impacto que tendrá esta nueva zonificación en el desarrollo turístico de uno de los territorios más extensos y prístinos de la Patagonia.
Según los antecedentes del propio documento, el 62,8% de la superficie del parque (más de 1,78 millones de hectáreas) quedó clasificado como zona de preservación, mientras que un 28,6% corresponde a áreas primitivas, categorías que en la práctica establecen restricciones muy duras para cualquier tipo de intervención humana. En conjunto, ambas categorías abarcan más del 90% del parque, dejando un margen mínimo para iniciativas vinculadas al turismo.
El dato más revelador está en la zona destinada específicamente al uso turístico. El plan de manejo asigna apenas 3,8 hectáreas, equivalentes a 0,0001% de la superficie total, a la categoría de uso público extensivo, definida como espacios donde podrían desarrollarse actividades recreativas de baja intensidad, como senderos interpretativos, miradores o infraestructura básica para visitantes.
Así las cosas, esta definición implica que en la práctica el desarrollo turístico dentro del parque queda reducido a una escala mínima. Esto ocurre pese a que el propio plan reconoce que estas áreas están destinadas a actividades recreativas de baja densidad y compatibles con la conservación, en línea con el concepto de “Turismo Ambientalmente Responsable” establecido en la Ley 21.600 y en la normativa de turismo contemplada en la Ley 20.423.
Para el sector turístico regional, la preocupación debiera ser evidente. Pero mucho acerca de esto y su postura no se ha sabido, al menos en los últimos días ni posterior a la salida pública de la información.
Por otra parte, cabe señalar que el Parque Nacional Kawésqar posee una de las mayores extensiones de fiordos, archipiélagos y ecosistemas subantárticos del planeta, lo que lo convierte en un territorio con enorme potencial para el turismo de naturaleza, expediciones científicas, navegación y experiencias de baja huella ambiental. Sin embargo, la nueva zonificación podría terminar consolidando un modelo en que el parque sea prácticamente inaccesible para visitantes. Es decir, lo que se viene hablando hace muchísimo tiempo… Desde afuera se ve la intención de que definitivamente haya sectores en la región donde el ser humano, usted o yo, no podamos siquiera pisar. Preocupante,
La paradoja es evidente: Mientras Magallanes busca posicionarse internacionalmente como destino de turismo de naturaleza y de intereses especiales, uno de sus parques nacionales más grandes queda con una estructura de uso público extremadamente limitada. En lugar de fomentar un desarrollo turístico regulado y sustentable, el nuevo plan podría terminar restringiendo una actividad que, bien gestionada, podría transformarse en una de las principales oportunidades económicas compatibles con la conservación en la Patagonia.
En ese escenario, el desafío que queda planteado es cómo compatibilizar la protección ambiental, objetivo central del parque, con la posibilidad de abrir espacios reales para el turismo responsable. De lo contrario, el riesgo es que el Parque Nacional Kawésqar termine siendo, paradójicamente, uno de los parques nacionales más grandes y menos visitados de Chile.
Por Mauricio Vidal Guerra, periodista, director ZonaZero.cl
