¿Cuántos tipos de cuotas y con qué apellidos serán conocidas en el Congreso? [Por Miguel Sierpe Gallardo]
Cada día se conocen hechos lamentables vinculados al actuar de algunos parlamentarios. Antes de cualquier juicio, corresponde partir por la presunción de inocencia respecto de quienes están siendo investigados. Tampoco se trata de sacar dividendos políticos según el sector al que pertenezca la persona cuestionada. Sin embargo, para muchos esto ha sido un “secreto a voces”: la eventual irregularidad en asignaciones parlamentarias destinadas a pagos de asesores, arriendos, encargos de estudios y otros ítems. Las consecuencias de estos hechos son graves.
La intervención de las policías al interior de uno de los poderes del Estado por primera vez en nuestra vida pública es una señal confirmativa del deterioro de la confianza ciudadana en la política. A mi juicio, ese es el mayor daño que provocan estos hechos: erosionan la credibilidad y alimentan el desencanto. Este escenario se agrava en un contexto de polarización brutal, donde unos y otros se acusan a gritos: “Se lo robaron todo”. A ello se suman cuestionamientos por el mal uso de ayudas sociales, el cobro indebido de la Pensión Garantizada Universal y un sinnúmero de reproches de lado a lado. Todo esto nos obliga a dimensionar la profundidad del pozo en que ha caído la política en nuestro país.
Intento ser lo más imparcial posible al decirlo así: “El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”. Si actuamos con honestidad, la verdad es que no hay sectores, poderes ni instituciones que puedan sentirse plenamente habilitados para lanzar esa piedra. La corrupción se agudiza y es primordial e inevitable que surja una fuerza transversal que luche por restablecer la decencia, la honradez y la transparencia en Chile.
Algunos podrían considerar exagerado lo planteado, pero basta oír de manera reiterada a distintos incumbentes para advertirlo: hoy se habla de la cuota “Flores”, la más notoria por estos días. Y aun así, no me cabe duda de que podrían existir otras “cuotas” que todavía no consiguen “apellido” y que no han sido descubiertas ni denunciadas.
Lo que se requiere es una acción de corrección del sistema de fiscalización y control que sea: Potente, Eficaz, Eficiente, Transparente e Incorruptible.
Entre las medidas que podrían considerarse, está revisar los bienes de los honorables y su relación con las remuneraciones obtenidas en su actividad política y/o profesional. Así se podría establecer con mayor claridad quién logra respaldar el patrimonio que exhibe hoy. También tengo la certeza de que no todos los parlamentarios deben ser objeto de sospecha, en todos los sectores hay gente honrada. Pero los hechos de corrupción, sumados a la irrupción del crimen organizado, exigen enfrentar estos focos que actúan como un cáncer, Ponen en riesgo el funcionamiento de nuestra democracia, Debilitan la credibilidad del país y terminan corrompiendo la vida pública y las instituciones.
Si no actuamos con decisión, será difícil legar a nuestros hijos una forma de vida adecuada, creíble y respetada. Aunque han existido episodios vergonzosos en nuestra historia republicana, hoy parecen más groseros y persistentes, y por eso mismo requieren una respuesta a la altura.
Miguel Sierpe Gallardo, columnista.
