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El descontrol de Arturo Storaker: Presidente de la UDI local trató de “basura” a los “zurdos”

La salud de una democracia no se mide únicamente en los votos que se cuentan en las urnas, sino en la calidad del debate público que sus líderes son capaces de sostener. Cuando quienes ostentan cargos de representación y dirigencia partidaria confunden la discusión de ideas con la degradación humana, cruzamos una línea roja de la que es muy difícil retornar.

Lo ocurrido recientemente en las plataformas digitales de Radio Polar con Arturo Storaker, presidente regional de la UDI en Magallanes, exintendente de nuestra región y hoy representante del oficialismo bajo la administración de José Antonio Kast, no es un exabrupto aislado. Es el síntoma de una preocupante inmadurez política que no podemos, ni debemos, normalizar.

Captura de pantalla de la publicación del presidente regional de la UDI, Arturo Storaker.

Como se puede constatar de forma fidedigna en la evidencia capturada en la imagen ante un comentario ciudadano tan simple y directo como “Te faltó el secreto bancario, no más”, la respuesta del timonel regional del partido de gobierno fue de un calibre inaceptable, textualmente: “… me anima a seguir escribiendo para que sigan demostrando que son basura”.

Hay que detenerse y pensar con frialdad en la gravedad de ese término. La basura es el desecho. Lo que ya no sirve, lo que estorba, lo que es una porquería. ¿Qué hace una sociedad con la basura? La mete en una bolsa, la saca de su radio de vista, la deja en la calle y espera que pase un camión para que la elimine. Cuando un dirigente político de la trayectoria de Storaker tilda de “basura” a los ciudadanos que piensan distinto o que disienten de sus columnas, lo que está haciendo, en el fondo, es validar una lógica de aniquilación simbólica del adversario. No busca debatir, no busca convencer; busca humillar, rebajar al otro a la categoría de residuo para así justificar su exclusión del debate.

Es una paradoja lamentable. Un hombre con su experiencia y veteranía política, cayendo en el formato más infantil, violento y divisivo de las redes sociales. Como bien le respondió otro usuario en la misma publicación: “Pensar distinto o no estar de acuerdo, no significa ser basura”. Una lección mínima de civismo que un ciudadano común tuvo que darle al presidente de un partido político.

Pareciera que para ciertos perfiles políticos, la moderación es un mal negocio. Mantener la leña en el fuego y generar una crispación constante les resulta sumamente conveniente. Les permite mantenerse en la primera línea pública, alimentando trincheras donde la sensatez no tiene espacio. En este juego de polarización extrema, la sociedad nunca gana, pero personajes como Storaker sobreviven políticamente gracias al ruido y la furia que ellos mismos provocan.

Sin embargo, más allá de la agresión verbal que devela el descontrol del timonel regional de la UDI, es imperativo confrontar con fundamentos serios y profundos el trasfondo de sus planteamientos en su columna titulada “Dirección correcta, hora de resultados”.

El análisis técnico y la fiscalización de los datos demuestran que las líneas planteadas adolecen de contradicciones. En primer lugar, respecto al crecimiento económico, Storaker defiende la agenda del gobierno central asegurando que se avanza en la “dirección correcta” mediante la atracción de capitales y la estabilidad. No obstante, la realidad local contradice el optimismo centralista; Magallanes enfrenta una evidente desaceleración en sectores clave como la construcción y el comercio, sumado a una inflación que, si bien se ha contenido a nivel macro, mantiene el costo de la vida en la zona extrema en niveles críticos.

Por otro lado, la omisión deliberada de la transparencia financiera quedó en evidencia al reaccionar con descalificaciones ante la interpelación por el levantamiento del secreto bancario, una de las herramientas clave para combatir el crimen organizado, la evasión fiscal y la corrupción. Al atacar en lugar de entregar argumentos técnicos, Storaker evita profundizar en su postura. Oponerse o relativizar el secreto bancario bajo la premisa de resguardar la privacidad financiera debilita directamente la fiscalización del poder.

En una región que ha visto severos cuestionamientos a la asignación de fondos públicos, la transparencia absoluta de las cuentas de las autoridades es una exigencia democrática básica, no un “ataque zurdo”.

Asimismo, el texto de opinión del exintendente enfatiza el combate a la delincuencia como un logro ideológico exclusivo de la derecha gobernante, pero los datos en seguridad pública demuestran que el fenómeno de la criminalidad y el ingreso de nuevas orgánicas delictivas requiere políticas de Estado transversales y no discursos de trinchera. Utilizar la seguridad como un botín electoral mientras se descalifica la crítica ciudadana impide avanzar en soluciones reales para las policías y el control fronterizo en zonas estratégicas como Magallanes.

Finalmente, la crítica no puede quedarse solo en el emisor del insulto. Los medios de comunicación tenemos un rol social que va mucho más allá de colgar un contador de visitas o acumular interacciones basadas en la odiosidad. Entregar micrófonos, tribunas y espacios permanentes de opinión a dirigentes que utilizan esas plataformas para degradar a la misma audiencia que los lee y escucha, es un acto a lo menos peligroso. No se trata de censura, se trata de responsabilidad y toma de conciencia. Si los medios validamos y amplificamos el estilo del matonaje y la humillación, nos convertimos en cómplices de la degradación del tejido social de Magallanes.

La política seria propone, argumenta y, sobre todo, respeta la dignidad de las personas, piensen como piensen. Tratar a los ciudadanos de “basura” no es solo impresentable, es una señal de alerta de los niveles de intolerancia que no nos podemos, ni nos debemos, permitir en nuestra región.

Redacción ZonaZero.cl