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Kusanovic amenaza con votar en contra proyecto del Gobierno por no haber puesto a Gerardo Otzen como delegado

En los pasillos del Senado, la tensión se mide en votos, y el oficialismo acaba de descubrir que le falta uno crucial. El senador por la Región de Magallanes, Alejandro Kusanovic (IND-RN), ha decidido tensar la cuerda al máximo con el Palacio de La Moneda, poniendo en jaque el proyecto estrella del Ejecutivo: La Ley de Reconstrucción Nacional. Bajo una narrativa de “lealtad regional”, lo que se despliega en el tablero político se asemeja bastante a una clásica vendetta de manual, sazonada con un ultimátum que roza el chantaje legislativo.

La ecuación de Kusanovic es simple, descarnada y directa: Sin disculpas públicas y “compensaciones reales” para Magallanes, el Gobierno del presidente José Antonio Kast se puede ir despidiendo de su respaldo en una votación que ya se anticipa de “pronóstico muy ajustado”.

Para entender el origen de este quiebre hay que retroceder a los primeros días del año. Según el propio relato del parlamentario, existía un pacto de caballeros amarrado en enero con el propio mandatario. La Moneda se había comprometido a nombrar a Gerardo Otzen como Delegado Presidencial de la Región de Magallanes, un diseño que contaba con la bendición de Kusanovic y del diputado Alejandro Riquelme (REP). Era el botín político ideal para el bloque de la derecha dura en la zona austral.

Sin embargo, el Gobierno calculó que los votos en el Congreso nacional requerían pragmatismo y no ideología regional. En un giro estratégico, La Moneda (según Kusanovic) terminó sentándose a negociar con el clan Bianchi (el diputado Carlos Bianchi (IND-PPD) y el senador Karim Bianchi (IND)), dejando caer el nombre de Otzen.

Para Kusanovic, este viraje no fue una simple maniobra de alta política, sino una traición a gran escala. “El futuro de nuestra nación no se construye excluyendo ni actuando con deslealtad, y no voy a tolerar esa forma de hacer política”, fustigó el senador, justificando así su portazo a la megarreforma.

La sombra de Erika Farías en la mesa de votación
Pero detrás de la frustración por el nombramiento que no fue, subyace un malestar de fondo que Kusanovic evita verbalizar con nombre y apellido en el comunicado oficial, pero que en las huestes regionales se lee entrelíneas: El disgusto soterrado por la presencia actual de Erika Farías en la jefatura regional.

Para el senador y sus aliados, la permanencia de Farías es el recordatorio físico de que el control político de Magallanes se les escapó de las manos y fue entregado a un bloque transaccional con la centroizquierda. La figura de Farías opera como una espina en el orgullo del senador. Verla liderar la delegación mientras sus propias propuestas naufragan en el estrecho de Magallanes es un trago amargo que Kusanovic ya no está dispuesto a pasar gratis.

¿Defensa regional o extorsión legislativa?
El Gobierno se enfrenta ahora a un dilema complejo. Ceder ante Kusanovic implicaría admitir públicamente que las leyes de la República y la reconstrucción de un país tras la emergencia se pueden permutar por cargos de confianza en provincias. No ceder, por otra parte, arriesga un naufragio legislativo de proporciones en la Cámara Alta.

“Es indignante que, hasta la fecha, ningún representante del Gobierno se haya acercado a dialogar conmigo”, reclamó el senador, instalando la idea de que es el Ejecutivo el que ha actuado “a espaldas” de la región. Sin embargo, muchos observan el diseño con otra óptica. El voto de una ley clave para el Ejecutivo transformado en una moneda de cambio para cobrar una deuda de poder local.

Pareciera que la venganza del senador se sirve fría, y el Gobierno tiene pocas horas para decidir si paga la cuenta.

Redacción ZonaZero.cl