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21 de Mayo: El mar austral y sus guardianes invisibles… De Arturo Prat a la soberanía que no figura en los libros

El 21 de mayo de 1879, a las once y media de la mañana, el capitán de corbeta Arturo Prat Chacón hizo algo que ninguna ordenanza militar le exigía y ninguna lógica de la guerra podía justificar. Cuando el blindado Huáscar embistió por segunda vez al maltrecho Esmeralda, Prat saltó solo sobre la cubierta enemiga, espada en mano, sin posibilidad de retroceso. Murió segundos después.

La batalla de Iquique estaba perdida desde antes de comenzar; la Esmeralda era de madera frente a un buque acorazado, y su artillería no podía penetrar el casco del Huáscar. Prat lo sabía. Y sin embargo eligió lo que eligió.
Lo extraordinario de ese acto no fue su resultado, fue su naturaleza. Un hombre que, en el momento en que todo estaba perdido, decidió que la manera de perder importaba tanto como si hubiese ganado. Esa decisión, improbable, anacrónica, irrepetible, cruzó todos los océanos. Llegó incluso hasta Japón.
En los años previos a la batalla de Tsushima (el 27 de mayo de 1905, seis días después del aniversario de Iquique) el almirante Heihachiro Tōgō estudiaba los grandes ejemplos de valor naval de la historia reciente. Entre ellos estaba Prat. La Marina Imperial Japonesa del período Meiji incorporó la figura del capitán chileno en sus academias navales como modelo de la ética del guerrero: la disposición a morir con honor antes que ceder con vida.

Un oficial latinoamericano, de un pequeño país del Pacífico Sur, se convirtió en referencia moral para la armada que en Tsushima aniquiló a la flota rusa y cambió el equilibrio del poder mundial. Pocas distinciones más universales puede ostentar un marino de guerra. “El almirante japonés Tōgō estudiaba a Prat antes de Tsushima. Un capitán chileno se convirtió en modelo moral de la marina que cambió el equilibrio del mundo.”

Cada 21 de Mayo, Chile recuerda ese acto. Pero para Magallanes, la conmemoración de las Glorias Navales tiene una dimensión adicional y propia. Es el reconocimiento de una vocación austral que se ejerce hace casi dos siglos, no en grandes batallas sino en la persistencia silenciosa de quienes sostuvieron la soberanía desde adentro, en los canales sin nombre de las cartas turísticas, en islotes disputados al amanecer, en frecuencias de radio que eran, literalmente, el Estado chileno expresado en ondas electromagnéticas.

La decisión fundacional: el Estrecho no fue un regalo
El 21 de septiembre de 1843, el Capitán de Fragata Juan Williams Wilson, al mando de la goleta Ancud, tomó posesión del Estrecho de Magallanes en nombre de Chile. Lo hizo en cumplimiento de la visión estratégica del prócer Bernardo O’Higgins, quien, desde Lima, en 1839, había advertido al Presidente Manuel Bulnes que si Chile no actuaba sobre el Estrecho, lo perdería. Al día siguiente de que la Ancud izara el pabellón nacional, apareció la fragata francesa Phaeton y intentó izar su propia bandera en tierra. Williams Wilson la hizo bajar. No hubo batalla; hubo un gesto firme y una guardia de honor. A veces la soberanía se ejerce así: sin disparos, pero sin vacilación.
Ese momento fundacional define hasta hoy el carácter de Magallanes: Una región que no existe como accidente geográfico sino como deliberada afirmación de presencia estatal en el confín del territorio. Puerto Williams lleva el nombre de ese capitán desde 1956. El Fuerte Bulnes sigue en pie como recordatorio de que la decisión política de estar aquí tuvo que tomarse y luego sostenerse, década tras década, con hombres y mujeres reales.

Una fotografía de 1938: El niño en la radio estación de Wulaia
Existe una imagen que, para quien conoce su contexto, contiene toda la historia que este artículo quiere contar. Es de 1938 o 1939 y muestra a un niño de nueve meses. El lugar: la Radio Estación Naval de Wulaia, en la costa del Canal Murray, Isla Navarino. El niño se llama Edison Agüero Alvarado. Su padre, operador de radio de la Armada de Chile, estaba destinado allí cumpliendo una de las misiones más solitarias del servicio naval: Sostener el eslabón más austral de la red de comunicaciones que unía a Chile con sus territorios del extremo sur.

Edison con 9 meses en la radio estación Wulaia,. (Izquierda)

La estación de Wulaia había sido construida en los años treinta, cuando la Armada completó la red de radio en onda corta que desde 1931 permitía enlace directo entre Punta Arenas y Santiago sin pasar por territorio argentino. Esas antenas rómbicas paradas en el viento del canal Murray no eran solo infraestructura técnica, si no que era el Estado chileno sostenido por hombres con familias, que criaban hijos en lugares donde no había camino, ni médico, ni más compañía que la frecuencia de radio y el mar.
El Transporte Micalvi llevó a la familia de Tres Puentes a Wulaia, y de vuelta a Punta Arenas. En 1943 vivían en Puerto Corral, junto a la Capitanía de Puerto, donde el niño tuvo su primer contacto visual con un hidroavión de la Fuerza Aérea de Chile.

Wulaia, con las antenas

En 1945, en el Cerro Perdices de Valparaíso, el adolescente aprendió que el edificio al que su padre ingresaba cada mañana por la Plaza Sotomayor era el corazón operativo de la Armada en el Pacífico. La vocación no se enseñó: Se absorbió.
“La foto existe: un niño de nueve meses en la Radio Estación Naval de Wulaia, Isla Navarino, 1938. Esas antenas rómbicas en el viento del Canal Murray eran el Estado chileno sostenido por hombres con familias.”

1957: el Transporte Angamos, las luces apagadas y los presos de Río Gallegos
En 1957, Edison Agüero embarcó en el Transporte Angamos con destino a Valparaíso para asistir a clases en la Universidad Técnica del Estado. Ese viaje en particular merece ser rescatado de los archivos del olvido. El Angamos llevaba a bordo prisioneros argentinos que habían escapado de la cárcel de Río Gallegos. Por razones de seguridad, el buque realizó el trayecto completo sin comunicaciones de radio y con el alumbrado exterior apagado. Un transporte de la Armada de Chile, navegando en silencio total por el Estrecho que Williams Wilson había ocupado 114 años antes, cargando en sus bodegas a fugitivos trasandinos y en cubierta a un joven de 18 años que iba a convertirse en ingeniero.
Ese episodio, que solo existe en la memoria oral de quienes lo vivieron, condensa en una imagen la densidad cotidiana de Magallanes: lo geopolítico y lo doméstico en el mismo buque, bajo las mismas estrellas, sin que nadie levante la voz ni encienda una luz.

1958: El faro que casi costó una guerra
El 1 de mayo de 1958, la Armada instaló y encendió un faro en el Islote Snipe, en el Canal Beagle, de soberanía chilena indiscutible. Días después, una aeronave de la FACH sobrevoló la zona y detectó que el faro había desaparecido, y en su lugar, los argentinos habían instalado una estructura metálica propia. El entonces capitán de corbeta Hugo Alsina Calderón recibió orden escrita de reponer el faro a cualquier costo.

Lo que siguió fue una operación de película: Zarpe nocturno desde Punta Arenas, armamento encubierto rotulado como ‘Víveres’, infantes de marina de tiradores escogidos viajando como pasajeros comunes. Y el instante que define todo. En la madrugada del 14 de mayo de 1958, mientras el buzo chileno amarraba el faro recuperado desde el fondo del mar, tres fragatas argentinas cruzaron el paso Mac Kinley y pusieron proa directamente hacia el solitario patrullero Lientur. Doce bocas de fuego apuntadas. La guerra se evitó porque el comodoro argentino no tenía instrucciones claras, el mensaje desde Buenos Aires llegó en clave y tardó más que las fragatas en navegar. Una diferencia de minutos separó la historia de una guerra del Sur.

La lección quedó inscrita en la doctrina naval chilena y resonaría veinte años después, en diciembre de 1978, cuando la Operación Soberanía estuvo a horas de convertirse en realidad. En Magallanes, el tiempo de una comunicación puede ser la diferencia entre la paz y el conflicto. Nadie lo sabía mejor que los operadores de radio.

Edison Agüero: El ingeniero que tendió la red
Edison Agüero no estuvo en el Lientur. Pero en los años en que esos eventos se sucedían, él ya era parte activa del tejido técnico que hacía posible la presencia efectiva del Estado en Magallanes. Ingresó a ENAP en 1957 —el año del Angamos— como trabajador de campo en los equipos de sísmica de Bahía Lomas, manejando dinamita y geófonos en las playas ventosas de Tierra del Fuego. Treinta y un años después, cuando dejó ENAP, había proyectado y construido la Red de Radio Ayudas para Navegación Aérea en la zona del Estrecho, la Red de Radio Ayudas para Navegación Marítima, la Red de Emergencia de Telecomunicaciones de ENAP Magallanes y los sistemas de telemetría y telecontrol del gasoducto Posesión–Cabo Negro. También mantuvo y reparó radares, equipos HF y VHF, ecosondas y sonar de barrido lateral en naves navales. Era, en la práctica, el ingeniero civil que sostenía la columna vertebral de las comunicaciones en el territorio más estratégico de Chile.

Bahía Lomas

Y lo hizo estudiando. Veintiún años en paralelo a su jornada laboral, con el apoyo parcial de la organización sindical de ENAP, hasta obtener en 1977 su título de Ingeniero Ejecución en Electricidad en la Universidad Técnica del Estado. También realizó una pasantía en la fábrica Motorola en Chicago, Fort Lauderdale y Houston en 1976 — el año previo al Operativo Soberanía— y completó un Post Título en Telecomunicaciones en la Universidad de Santiago en 1992. Un modelo de formación técnica regional que este Observatorio propone como lección urgente frente a la actual parálisis del capital humano del proyecto de hidrógeno verde en Magallanes.

1.650 misiones con la FACH: El piloto de la Defensa Aérea
La relación de Edison con la Fuerza Aérea de Chile fue más que circunstancial. Entre 1976 y 1985 —exactamente los años del Beagle y su larga resaca— integró el grupo de pilotos civiles convocados por el Ala Base 3, Grupo 4, para la Defensa Aérea de la XII Región. Acumuló 1.650 misiones en helicópteros y aviones turbohélice. Integró además el Grupo Aéreo de Mantenimiento, reparando radares y equipos de comunicaciones de aeronaves civiles y actuando como piloto de prueba tras los trabajos.
Paralelamente, como presidente del Club Aéreo de Cerro Sombrero impulsó la restitución del servicio de ambulancia aérea a comunidades patagónicas aisladas. En diciembre de 1985, el Agregado Aeronáutico de la Embajada de Brasil en Chile, coronel Marcio Callafange, lo invitó formalmente a la ceremonia de la Medalla al Mérito Santos Dumont, en el Club de la Unión de Punta Arenas.

En diciembre de 1986, el General de Brigada Aérea Jorge Iturriaga Moreira, director general de Aeronáutica Civil, lo invitó al Día de la Aeronáutica Nacional. Reconocimientos de instituciones de dos países a un trabajo que en el registro oficial de la historia regional sigue siendo, hasta hoy, invisible.
“1.650 misiones en la Defensa Aérea de la XII Región. Reconocido por Brasil y por la DGAC chilena. Invisible en la historia oficial de Magallanes. Eso es exactamente lo que este proyecto busca corregir.”

La herencia de Prat: La admiración que se transmite y el arraigo que se elige
Arturo Prat no ganó la batalla de Iquique. Su victoria fue de otro orden. Demostró que la manera de perder puede ser tan definitoria como cualquier victoria. Que hay actos cuyo valor no se mide en resultados sino en la altura moral de quien los protagoniza. Por eso lo estudiaban en Japón. Por eso lo recordamos ciento cuarenta y siete años después. Prat pertenece a una dimensión que ningún civil puede ni debe pretender igualar: la del héroe nacional, el mártir de la Armada, el símbolo que trasciende fronteras y generaciones.

Lo que sí pueden hacer las familias que llevan generaciones en Magallanes es comprender esa moral y dejar que ilumine sus propias decisiones. En la familia Agüero (y en muchas otras familias antiguas de esta región) la figura de Prat no es un afiche escolar, es una referencia viva sobre lo que significa anteponer el deber a la conveniencia, la tierra a la comodidad, la gente a las oportunidades que ofrecen otros lugares.

Esa admiración se hereda, como se heredó la vocación por las comunicaciones navales y el vuelo. No como comparación, lo que sería una arrogancia, sino como brújula.
Magallanes es una región que pierde población con regularidad. Jóvenes que se van a estudiar y no vuelven, profesionales que encuentran mejores condiciones en Santiago o en el extranjero, familias que abandonan localidades que el Estado central olvida. Quedarse (no por incapacidad de irse sino por elección consciente de pertenecer) es, en Magallanes, un acto que tiene su propio peso moral.

Las familias que permanecen generación tras generación, que crían hijos aquí, que sostienen instituciones locales, que no se van cuando el viento arrecia, están ejerciendo soberanía a su manera: La soberanía demográfica, cultural y humana que ningún decreto puede reemplazar.

Edison Agüero tiene hoy 87 años y es la expresión concreta de esa elección. Sus facultades son plenas y su testimonio es una fuente primaria irreemplazable de la historia técnica, naval y aeronáutica de Magallanes. Desde el Observatorio de Ciencias Públicas y Políticas de Magallanes, en el marco de Fundación Prisma Austral, estamos desarrollando el registro sistemático de su trayectoria, no como homenaje familiar, sino como tarea de inteligencia histórica al servicio de la política pública de la región.

Este 21 de mayo, mientras Magallanes conmemora a Prat con la reverencia que merece, vale la pena recordar también a las familias que se quedaron. Las que plantaron antenas en Wulaia, las que volaron sobre canales sin carta actualizada, las que no abandonaron esta tierra cuando el Estado central miraba hacia otro lado. Documentar esa historia es otra forma de honrar lo que Prat representó: Que el compromiso con la patria no vence cuando suena el cañón, sino también en la perseverancia silenciosa de los que eligen quedarse. ¡Viva Chile.

Por Observatorio de Ciencias Públicas y Políticas de Magallanes — Fundación Prisma Austral. Punta Arenas, Región de Magallanes y la Antártica Chilena. 21 de Mayo de 2026.

www.prismaaustral.cl