Ese sentimiento anti argentino que tanto se deja escuchar en Chile durante el mundial de fútbol, cualquier mundial de fútbol, sobre todo en Santiago o desde Santiago, solo puede estar basado en una profunda ignorancia de su propia historia por parte nosotros de los chilenos.

Chile tiene una, quizás, impagable deuda social, cultural e incluso económica con la Argentina que hacen muy injusto que el país se sienta más cerca de Estados Unidos o Europa que de los vecinos que tiene cruzando la cordillera.

La historia y sus números avalan esta percepción. En la Argentina viven alrededor 500 mil chilenos y sus descendientes nacidos en el territorio, según cifras oficiales. La gran mayoría emigró entre fines de los 70 y mediados de los 90 cuando el país no ofrecía mayores oportunidades o su propio gobierno militar empujaba a la salida de los miles de disidentes.

Es muy probable que prácticamente todos esos chilenos devenidos en permanentes de la Argentina hayan estudiado gratis en las escuelas primarias, secundarias, terciarios e incluso en la universidad, puesto que en este país aun es gratuito todo el ciclo educativo. Salud, por eso.

Hace unos años este cronista se cruzó feo en redes con un chileno que criticaba cuestiones del “ser argentino”. Como lo conocía (no lo consideraba mi amigo), le recordé que él y un familiar habían estudiado gratis en la UBA al menos unos años. La respuesta minúscula, chapucera, derivó en puteadas, pero el tamaño de su ingratitud me dolió y sorprendió.

Desde ya es imposible soslayar a los miles de chilenos que se han atendido sin pagar un peso en hospitales públicos argentinos y no porque estaban de vacaciones en el país, sino porque en su propia tierra no los atendían si no tenían el dinero. Una práctica hospitalaria que hace muy poco se cortó con nuevas normativas. Habría que poner la cifra en blanco sobre negro.

Los chilenos quizás no conocen que San Martín organizó un cuerpo militar de 5000 hombres con el propósito de liberar a su propio país del sometimiento español. Luego vino el cruce de los antes, la batalla de Chacabuco y la de Maipú. San Martín rechazó el cargo como Director de la Supremo de Chile y fue Bernardo O´Higgins quien lo asumió. Apenas unas líneas dedicadas a la historia que permiten entender el nacimiento de un país gracias al empuje clave de otro.

Entre los 70 y los 80, Puerto Natales, ubicado en el extremo sur de Chile y hoy considerada capital del Turismo y del Salmón en Magallanes, padecía la crisis económica del resto del país que tenía alrededor de un 23,7% de desempleo y más de un 40% de pobreza, sobrevivió gracias a la actividad de la empresa minera YCF en Río Turbio a solo 30 kilómetros de distancia. Se estima que más de 5000 natalinos trabajaron en la firma estatal y pudieron llevar comida a sus hogares en un momento en que la localidad era menos que un punto en el mapa nacional.

Lo propio ocurrió en la misma época en Río Grande (Tierra del Fuego), Bariloche, que recibió a miles de chilenos que se dedicaron a la construcción de cabañas, hosterías y hoteles, en Neuquén. En todas estas ciudades hay barrios donde viven predominantemente chilenos y sus descendencias.

En otras áreas, pensamos en el escritor Roberto Bolaño, uno de los mayores de la historia reciente de Chile y fan declarado de la Argentina donde tenía algunos de sus mejores amigos, autores brillantes como Alan Pauls y Rodrigo Fresán. Pensamos en la pasión de José Donoso por Buenos Aires. En la banda músicos de chilenos que acompañó por una temporada a Charly García. En la energía que irradia todavía la música de Gustavo Cerati de ambos lados de la frontera. En el “Chilenoooo, chilenooo”, que recibía Marcelo Salas en la cancha de Rver Plate en cada una de sus actuaciones.

En 1987 dos bandas argentina se llevaron todos los premios en el Festival de Viña del Mar: Soda Stereo y GIT. Las dos más escuchadas sin dudas por aquellos años en radios y entre los adolescentes que supimos ser.

Hoy el intercambio comercial entre ambos países ronda los USD 8.100 millones. En este escenario, la balanza comercial es muy favorable a la Argentina puesto que Chile importa alrededor de US$ 7.000 millones, en tanto que sus exportaciones hacia el país son de unos US$ 1.100 millones. Las ventas de energía de Argentina hacia Chile se ubican en casi los USD 3000 millones.

Alguien menciona por ahí que ese “sentimiento anti” es parte del folclore latinoamericano, pero no por eso deja de molestarme, de inquietarme, de hacerme “sentir” también (yo tengo otro “sentimiento” y no es floclórico) que es injusto e innecesario.