El escenario político al interior de la FIFA vive momentos de tensión e incertidumbre con miras a las próximas elecciones presidenciales. El actual timonel del organismo, Gianni Infantino, ha comenzado a desplegar una agresiva estrategia de alianzas para asegurar su permanencia en el cargo, en medio de un paulatino desgaste de sus apoyos en la UEFA y en diversas federaciones asiáticas tras el frustrado proyecto de privatización de activos comerciales (FIFA Forward Enterprise).

En este ajedrez político, la Conmebol se ha convertido en una pieza clave para las pretensiones de continuidad del dirigente suizo. Mientras asociaciones de peso en Sudamérica —como la AFA argentina— ya han ratificado públicamente su respaldo a la gestión de Infantino tras las disculpas ofrecidas por los errores cometidos en los planes comerciales, desde la cúpula de la FIFA se mueven los hilos para consolidar un bloque sólido de votos en la región.

La controversial oferta a México

Dentro de las maniobras atribuidas al plan de reelección de Infantino, ha trascendido la oferta realizada a la Federación Mexicana de Fútbol (FMF) para asegurar su voto, desmarcándola del bloque opositor que se ha configurado en la Concacaf.

La propuesta consistiría en facilitar las gestiones para que México abandone la Concacaf e integre formalmente la Conmebol, permitiendo el retorno de los clubes y la selección azteca a las competencias sudamericanas (como la Copa Libertadores y las Clasificatorias).

Ejes de la Estrategia de ReelecciónImpacto Institucional
Respaldo de ConmebolBlindaje de votos en Sudamérica frente a los cuestionamientos europeos.
Traspaso de México a ConmebolOferta geopolítica para romper el bloque crítico de la Concacaf.
Revisión de proyectos comercialesRetiro de propuestas privatizadoras para frenar el descontento de federaciones miembro.

Consecuencias para Sudamérica y Chile

De concretarse la incorporación de México al mapa competitivo de la Conmebol, el escenario deportivo regional sufriría una reestructuración de proporciones. Para selecciones como la chilena y el resto de los países sudamericanos, la eventual llegada del combinado azteca elevaría de forma sustancial la exigencia competitiva en los procesos clasificatorios y en los torneos de clubes de la región.

Por ahora, Infantino aprieta las tuercas de su red de contactos para contener la pérdida de respaldo internacional —evidenciada en episodios como el retiro del apoyo de la federación irlandesa— y garantizar que el eje sudamericano siga operando como su principal sostén en la Casa Madre del fútbol mundial.